08-HERMENEUTICA – LA POESIA HEBREA – 8/28

LA POESIA HEBREA

Buena parte del Antiguo Testamento está compuesto en un estilo y forma de lenguaje muy por arriba del de la simple prosa. Los libros históricos abundan en vibrantes discursos, odas, piezas líricas, salmos y fragmentos de cantos. Casi la mitad del Antiguo Testamento está escrito en este estilo poético. Pero la poesía de los hebreos tiene peculiaridades tan notables y distintas de las de otras na­ciones, como su propio idioma es diferente de las otras familias de idiomas.

Su metro no se compone de sílabas sino de sentencias y sentimientos. Hablando con propiedad, la poesía hebrea nada sabe de pie métrico y versificación análogos a la forma poética de las lenguas indo‑europeas. Las sabias e ingeniosas tentativas de algunos hombres eminentes por fabricar un sistema de metros hebreos se consideran ya como fracasadas. Se nota bien en la poesía hebrea el estilo elevado, la armonía y paralelismo de sen­tencias, el fluido sonoro de palabras gráficas, el arreglo artificial de cláusulas, repeticiones, transposiciones y antítesis retóricas que constituyen la vida de la poesía; pero la forma de metro silábico no aparece en ninguna parte.

Generalmente se reconoce ahora que el aspecto dis­tintivo de la poesía hebrea consiste en el paralelismo de miembros. Esto constituiría una forma muy natural para sentencias tan cortas y vívidas como son las que caracterizan a la sintaxis hebrea. Basta que el alma se llene de profunda emoción, que las ardientes pasiones muevan el corazón, den brillantez al ojo y hagan elevar la voz, para que las sencillas sentencias de la prosa hebrea to­men espontáneamente forma poética.

Desembarazado de las trabas de las limitaciones métricas, el poeta hebreo gozaba de una libertad peculiar y era dueño de expresar en gran variedad de formas los sentimientos de la pasión.

No podemos dar demasiado énfasis al hecho de que alguna forma estructural es necesaria a toda poesía. Los elementos de la poesía son invención, inspiración y forma expresiva, pero todo el genio de posible inventiva y toda la inspiración de la pasión más ardiente se estrellarían contra la absoluta falta de algún molde adecuado en qué presentarlos. Cuando las creaciones del genio y de la inspiración han tomado una forma monumental en el lenguaje, esa forma viene a constituir una parte esencial del todo. De aquí la imposibilidad de traducir la poesía de Homero, Virgilio o David, a la prosa castellana o de cualquier otro idioma y, al mismo tiempo, conservar el poder y el espíritu del original.

La traducción de Bayardo, del Fausto, es una obra maestra por el hecho de que con éxito notable ha conseguido verter de un idioma a otro, no simplemente los pensamientos, el sentimiento y el significado exacto del autor sino también la forma y el ritmo. Como lo sostienen autoridades eminentes, “la primera cuestión a considerarse en una obra poética es el valor de su forma. La poesía no es meramente una forma de expresión sino que es la for­ma de expresión que cierta clase de ideas exige en absoluto. En realidad, la poesía puede distinguirse de la prosa por el simple hecho de que es la expresión de algo en el hombre que es imposible expresar con perfección en ninguna otra forma que la rítmica. Es inútil decir que el significado desnudo es independiente de la forma. A1 contrario, la forma contribuye esencialmente a la plenitud del significado. En la poesía que se perpetúa mediante su propia vitalidad inherente no existe unión forzada de estos dos elementos. El intentar representar poesía en prosa es cosa muy parecida al querer expresar con palabras lo que dice la música en su lenguaje”.

La poesía hebrea es, probablemente, más susceptible de traducción que la de ningún otro idioma por los motivos que hemos expresado más arriba: no hay rima ni escala métrica que cuidar al traducir. Es esencial preser­var dos cosas, el espíritu y la forma, y ambas son de tal naturaleza que hacen posible el reproducirlas, en alto grado, en casi cualquier otro idioma.

En tanto que el espíritu y la emoción de la poesía hebrea se deben a una combinación de varios elementos, el paralelismo de sentencias es un aspecto muy notable de forma externa.

Las sentencias breves y vividas, que son una característica peculiar del lenguaje hebreo, conducen, por un proceso muy natural, a la formación de paralelismos en poesía. El deseo de presentar un asunto en la forma más impresionable posible, conduce a la repetición y la tautología aparece en formas ligeramente variadas de un mis­mo y único pensamiento, como se ve en las siguientes líneas de Proverbios 1:24‑27:

Por cuanto llamé y no quisisteis;

Extendí mi mano y no hubo quien escuchase;

Antes, desechasteis todo consejo mío,

Y mi reprensión no quisisteis;

También yo me reiré en vuestra calamidad;

Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis;

Cuando viniere, como una destrucción, lo que teméis,

Y vuestra calamidad llegare como un torbellino;

Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.

Las formas más comunes y regulares del paralelismo hebreo las clasifica Lowth bajo tres divisiones generales, que denomina: Sinónima, Antitética y Sintética. Estas, a su vez, pueden subdividirse según que las líneas formen simples pareados o tercetos o tengan correspondencia medida en sentimiento y extensión, o sean desiguales y quebradas por repentinas explosiones de pasión o par alguna repetición impresionante.

I. PARALELISMO SINONIMO
Presentamos aquí algunos pasajes en los cuales las di­ferentes líneas o miembros presenten el mismo pensamiento con ligeras alteraciones en la forma de expresión. Especificaremos tres clases de paralelos sinónimos:

a ) IDÉNTICO. Se llama así cuando los diferentes miembros se componen de las mismas o casi las mismas palabras:

Enlazado eres con las palabras de. tu boca,

Y preso con las razones de tu boca ( Prov. 6:2 ).

Alzaron los ríos, oh Jehová,

Alzaron los ríos su sonido;

Alzaron los ríos sus ondas (Salmo 93: 3) .

b ) SIMILAR, cuando el sentimiento es, substancialmente el mismo pero el lenguaje y las figuras son diferentes:

Porque él la fundó sobre los mares,

Y afirmóla sobre los ríos ( Salmo 24.: 2 ) .

¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba?

¿Muge el buey junto a su pasto? ( Job. 6: 5 ) .

c ) INVERTIDO se llama cuando existe una inversión o transposición de palabras o sentencias, de manera que se cambia el orden del pensamiento: Los cielos cuentan la gloria de Dios Y la obra de sus manos denuncia la expansión. (Salmo 19:1)

No guardaron el pacto de Dios

Ni en su ley quisieron andar ( Salmo 78:10 ) .

2. PARALELISMO ANTITETICO

Bajo esta división cae todo pasaje en el cual hay contraste u oposición de pensamiento presentado en las diferentes sentencias. Esta clase de paralelismo abunda, es­pecialmente, en el libro de Proverbios, por el hecho de adaptarse particularmente para expresar máximas de sabiduría proverbial. Hay dos formas de paralelismo anti­tético:

a ) SIMPLE, cuando el contraste se presenta en un solo dístico de sentencias simples:

La justicia engrandece la nación

Pero el pecado es afrenta de las naciones.

( Prov. 14.: 34 ) .

La lengua de los sabios adornará la sabiduría;

Mas la boca de los necios hablará sandeces.

(Prov. 15:2) .

Porque un momento será su furor

Mas la boca de los necios hablará sandeces.

(Prov. 15:2) .

b) COMPUESTO, cuando hay dos o más sentencias en cada miembro de la antítesis:

El buey conoce a su dueño

Y el asno el pesebre de su señor;

Israel no conoce,

Mi pueblo no tiene entendimiento ( Isaís 1:3).

Por un momentito te dejé;

Mas te recogeré con grandes misericordias.

Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un [momento;

Mas con compasión eterna tendré compasión de tí.

( Isaías 54: 7‑8 ) .

3. PARALELISMO SINTETICO

El paralelismo sintético o constructivo consiste, según la definición de Lowth, “sólo en la firma de construc­ción, en la que una palabra no responde a otra ni una sentencia a otra sentencia, como equivalentes u opuestas; pero hay una correspondencia e igualdad entre diferentes proposiciones con respecto a la forma y giro de toda la sentencia y de las partes constructivas, tales como el nombre respondiendo al nombre, el verbo al verbo, el miembro al miembro, la negación a la negación, la interrogante a la interrogante”. Deben notarse dos clases de paralelos sintéticos:

a ) CORRESPONDIENTE, es cuando existe una correspondencia formal e intencional entre sentencias relacio­nadas, como en el ejemplo siguiente tomado del Salmo 27:1, donde la primera línea corresponde con la tercera y la segunda con la cuarta:

Jehová es mi luz y mi salvación,

¿De quién temeré?

Jehová es la fortaleza de mi vida

¿De quién he de atemorizarme?

Este mismo estilo de correspondencia se nota en el siguiente paralelismo antitético compuesto:

Avergüéncense y sean confundidos a una

Los que de mi mal se alegran,

Vístanse de vergüenza y de confusión

Los que se engrandecen contra mí.

Canten y alégrense

Los que se deleitan en, mi justicia

Y digan siempre: Sea ensalzado Jehová,

Que ama la paz de su siervo ( Salmo 35:26‑17 )

b) ACUMULATIVO, cuando hay una culminación de sentimiento que corre a través de los paralelos sucesivos; o cuando existe una constante variación de palabras y de pensamientos por medio de la simple acumulación de imágenes o de ideas:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo malos

Ni estuvo en camino de pecadores

Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia

Y en su ley medita de día y de noche (Salmo 1:1‑2) .

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,

Llamadle en tanto que está cercano.

Deje el impío su camino

Y el hombre inicuo sus pensamientos;

Y vuélvase a Jehová, quien tendrá misericordia de él;

Y al Dios nuestro, quien será amplio en perdonar. (Isaías 55:6‑7).

Pero aparte de estas formas más regulares de paralelismo existen numerosas peculiaridades en la poesía he­brea que no han de clasificarse bajo ninguna regla o teoría de prosodia. Los vuelos poéticos de los antiguos bardos desconocían tales trabas; y por medio de giros imprevistos así como de líneas rotas y desiguales, y de repentinas y breves explosiones de oración o de sentimentalismo, producían una gran variedad de expresivas formas de senti­miento.

En el período posterior del lenguaje hallamos un número de poemas artificiales en los cuales los varios versículos o líneas comienzan con una de las letras del alfabeto hebreo, en su orden regular. En los salmos CXI y CXII, las líneas o mitades de versículos están arreglados en orden alfabético. En los salmos XXV, XXXIV, CXLV; Prov. 31:10‑31 y Lament. I y II, cada versículo separado comienza con una nueva letra, en orden alfabético. En el Salmo XXXVII, con ligeras excepciones, de cada dos ver­sículos seguidos, uno comienza con una nueva letra. En el Salmo CXIX y Lamentaciones in, una serie de versículos, cada una comenzando con la misma letra, se agrupan en estrofas y éstas se siguen una a la otra en orden alfabético. Semejante artificio denuncia una período posterior en la vida del lenguaje, cuando el espíritu poético, haciéndose menos creativo y más mecánico, produce un nuevo mé­todo de forma externa para atraer la atención y ayudar a la memoria.

Pero aparte de toda forma artificial, el idioma hebreo en sus palabras, frases idiomáticas, conceptos vívidos y poder pictórico posee una simplicidad y belleza notables. Para un individuo tan impresivo como el hebreo, todo asunto estaba lleno de vida y la manera de presentar los actos más ordinarios atraían su atención. Aun en su conversación ordinaria ocurren frecuentemente las sentencias patéticas, las exclamaciones sublimes y las profundas sugestiones. ¡Cuán a menudo ocurre en la simple narración la expresión (que en hebreo es una palabra) “he aquí”! ¡Cuán gráficamente se describen aun el proceso y el orden de la acción, en pasajes como los siguientes: “Levantó Jacob sus pies y fuese a la tierra de los hijos del Oriente”. (Gén. 29:1). “Alzó su voz y lloró… Y así que oyó Laban las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirle y abrazarlo y besólo y trájole a su casa” (v. 11‑13). “Y alzando Jacob sus ojos, miró y ‑¡he aquí!‑ venía Esaú”. (Gén. 33:1) .

Por otra parte, hay muchos pasajes donde alguna elipsis notable vigoriza la expresión: “…ahora, pues, porque no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y coma, y viva para siempre, y sacóle Jehová, del huerto del Edén” (Gén. 3:22). “¡Vuélvete, oh Jehová, ¿hasta cuándo?” (Salmo 90:13) . El esfuerzo de los traductores ingleses por suplir la elipsis del Salmo 19:3‑4, estropea el verdadero significado. Dicen ellos: “No hay dicho ni lenguaje donde su voz no sea oída”. La versión castellana, fiel al hebreo, es mucho más impresiva, dándonos a enten­der que aunque los cielos no tienen lenguaje o voz audible, tales como los que el hombre usa, sin embargo han si­do extendidos, como un hilo de medir, sobre la superficie de toda la tierra y, aunque mudos, poseen sermones para las almas reflexivas en todas partes del mundo habitable.

Incumbe a la Hermenéutica Especial el reconocer la forma retórica y distinguir el pensamiento esencial del modo de expresión en que puede presentárselo. Y para toda mente pensadora debe ser una cosa evidente que la poesía apasionada de los hebreos no es de naturaleza tal que pue­da sujetarse a una interpretación literal. Muchos de los más hermosos pasajes de los Salmos y de los Profetas han sido elaborados en un estilo de esplendidez en busca del estilo retórico, y sus magníficos paralelismos y estrofas deben ser explicadas como explicamos análogos vuelos de la imaginación de otros poetas. Ese lenguaje. esmeradamente elaborado puede servir mejor que otro para hacer más profunda la impresión del pensamiento divino que co­munica. No es la expresión literal sino la enajenación espiritual congénita lo que nos capacita para comprender la fuerza de un pasaje tal como Deut. 32:22:

Porque fuego se encenderá en mi furor,

Y arderá hasta lo profundo del Sheol;

Y devorará la tierra y sus frutos

Y abrazará los fundamentas de los montes.

El lenguaje impresionante de Zacarías 11:1‑2, no pierde nada del poder de impresionar por el hecho de que el discurso se dirija a las montañas y los árboles como si fuesen seres conscientes:

¡0h Líbano, abre tus puertas y el fuego queme tus cedros!

¡Aúlla, oh haya, porque el cedro cayó, los magníficos son talados!

¡Aúlla, oh haya, porque el cedro cayó, los magníficos son derribado!

No hay para qué suponer que en la calamidad anunciada por este oráculo ni un solo cedro del Monte Líbano ni un alcornoque de Basán fuesen destruidos. El lenguaje es el de las imágenes poéticas, adaptado a producir im­presiones y a transmitir la idea de una extensa ruina, pero sin tener nunca la intención de ser entendido literalmente. Y lo mismo pasa con las sublimes descripciones dé Jehová que se hallan en los Salmos y los Profetas, su inclinarse a mirar desde los cielos y descender con una nube debajo de sus pies; su cabalgar sobre un querubín y el hacerse visible en las alas del viento (2 Sam. 22:10‑11; comp. Salmo 18:9‑10; Ezeq. 1:13‑14. > ; su estar de pie y medir la tierra; su cabalgar en caballos y andar en carrozas de salvación, con rayos procedentes de sus manos y el resplandor de su fulgente lanza asombrando al sol y a la luna en los cielos (Hab. 3:4, 6, 8, 11) ; todos estos pasajes y otros semejantes a ellos no son más que descrip­ciones poéticas de la potencia y la majestad de Dios en su administración providencial del mundo. Las figuras especiales de lenguaje usadas en tales descripciones se discutirán en los capítulos siguientes.

Hermenéutica por M. S. Terry

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  1. flor de maria albores b

    …dice…..para toda mente paensadora debe ser una cosa evidente que la poesia apasionada de los hebreos no es de naturaleza tal que pueda sujetarse a una interpretacion literal.

  2. Qué bueno encontrar páginas de exégesis, hermenéutica, linguita y bíblica. Felicitaciones, les invito a visitar mi página en Google ¿Qué sabes sonbre el pesebre?
    Un abrazo
    Varlos Augusto.

  3. darwin reyes

    quisiera resibir sus estudios hermanos




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