25-ESCENARIO BIBLICO – Acopio de agua en Palestina – 25/26 – Fred H. Wight

Acopio de agua en Palestina

POZOS, MANANTIALES Y FUENTES

Pozos y su localización. En Palestina, en muchos casos se ha estado dependiendo de pozos para el agua, y a través de los años.

 A menudo los pozos se encuentran localizados fuera de los muros de la ciudad, pero otras veces el pueblo tiene la fortuna de tenerlos dentro del pueblo. Los arqueólogos han descubierto al menos dos de las ciudades antiguas, además de Jerusalén, que traían el agua a la ciudad por medio de un túnel. La ciudad de Gezer tiene un túnel que llevaba el agua de dentro de la ciudad a un aljibe subterráneo. Y los cananitas de Megiddo, antes de ir fuera de la ciudad por agua, hundían fuste de columna hacia abajo hasta el nivel del manantial y luego cavaban un túnel horizontalmente hasta encontrarla.

Obteniendo agua para el uso del hogar. Ya hemos visto (Cap. 8) que era obligación de las mujeres acarrear el agua necesaria para los usos de la familia. Esta la llevaban en jarras de barro, ya sobre sus hombros o sobre la cabeza. Si se necesitaban grandes cantidades de agua entonces los hombres la acarreaban en “botellas”, hechas de cuero de oveja o de cabra.

Pozos y fuentes de fama en la Escritura. Los primeros patriarcas cavaron pozos en distintos lugares de la tierra de Canaán. Al pueblo de Beerseba se le llamó así por el acontecimiento de un evento en tiempo de Isaac. Sus siervos cavaron un pozo allí. El nombre quiere decir: El Pozo del Juramento, conmemorando el convenio hecho entre Isaac y Abimelec, que se hizo pronto después de las dificultades por la posesión del poso de Gerar (Gén. 26).

El pozo de Jacob, en Sichar, se hizo famoso por el incidente de que Jesús habló con la Samaritana allí. Nada se deja junto a estos pozos que pueda usarse para sacar agua de su profundidad. Cada mujer que venía por agua traía con ella, además de la jarra en que llevaba el agua, una cubeta de cuero duro portable, con una soga para bajar la cubeta hasta el nivel del agua. La mujer samaritana había traído todo esto consigo, pero Jesús no disponía de tal equipo, fue allí que ella le dijera después que El le hubo pedido de beber: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo” (Juan 4:11). La respuesta a esta solicitud ella sacó agua del pozo y le dio a beber.

Fue por cl agua de un pozo de Belem por la que David suspiraba en el desierto. Para apreciar su deseo, uno tiene que experimentar lo que es tener sed en el desierto, y también conocer la frescura del agua de los pozos y cisternas de Belén. En las laderas de las lomas en derredor de Belén hay bancales con viñas, y la mayoría de ellas tiene una cisterna cavada en la roca y localizada en ellas, la cual colecta el agua de lluvia en los meses de invierno y la preserva en condiciones de una frescura deliciosa durante los meses de verano. Los hombres de Belén se jactan de la frescura de su agua. A un hombre una vez se le dio a beber, pero expresó tal deseo por el agua de la viña de su padre, diciendo que estaba tan fría que no había podido beberse todo un vaso sin despegarlo de los labios por lo menos tres veces. Así David, estando en la cueva de Adullam localizada en el costado desierto y cansado de pelear dijo: “Quien me diera de beber del agua de la cisterna de Bethlehem, que está a la puerta” (2 Sam. 23:15). Cuando tres de sus hombres arriesgaron su vida en peleas con los filisteos para traerle de aquella agua fresca del pozo de Belén, David “derramóla a Jehová” (2 Sam. 23:16). Esto era de acuerdo con una antigua costumbre de la ofrenda de libación, o sea el derramarla en la tierra como un acto de adoración, vino, o aceite, o agua, o leche, o miel. Algunas de estas ofrendas de bebidas eran derramadas por los hebreos sobre el animal sacrificado al Señor. Al hacer esto, David estaba dando al Señor la bebida del agua que tanto había costado a los hombres, traerla.

A través de los siglos el pueblo de Nazareth había tenido sólo un medio de suplirse de agua, un pozo o fuente que se encuentra en la extremidad noroeste del pueblo. Podemos estar casi seguros que María vino aquí con su jarra a sacar el agua para los usos de su hogar, y que aquí el niño Jesús frecuentemente calmaba su sed.

Uno de los principales manantiales en Palestina es el que está en Jericó. Esta agua viene de una montaña en el desierto de Judea localizada atrás del pueblo. Este manantial contribuye a formar una represa de agua cerca del montecillo de ruinas en el viejo Jericó, y que ahora se le llama “fuente de Eliseo”. Se cree que son las aguas sanadas por el profeta hace muchos siglos (2 Reyes 2:21). Aun cuando el nivel de esta agua baja en tiempo de calor, muy raramente se seca por completo, y es un medio de agua para hombres y animales, y para el oasis, donde crecen los plátanos, higos y palmeras de dátiles de la región.

CISTERNAS

Para los nativos de Palestina la palabra “pozo” ha querido decir “manantial” o “fuente”, pero en los relatos bíblicos a menudo significa “cisterna”. En la actualidad la cisterna ha sido el medio más común para el abasto de agua de Palestina, que la del pozo. Beber agua de la cisterna familiar era el deseo proverbial de cada judío, Y esa fue la promesa que el rey Senaquerib de Asiria usó para proceder a tentar a los judíos a hacer la paz con él. El les dijo: “Haced conmigo paz, y salid de mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá de las aguas de su pozo” (2 Reyes 18:31; cf. Isa. 36:16). Estas cisternas familiares eran a menudo cavadas en medio del patio de cosas como fue el caso del hombre que tenía un pozo cisterna en su patio. En el tiempo del año a que se hizo referencia esta cisterna se secó y así dos hombres pudieron esconderse en ella muy fácilmente (2 Sam. 17:18, 19). Durante la estación de lluvias el agua es conducida desde los techos y por medio dc canales a estas cisternas. Por lo regular se saca el agua usando una cuerda que pasa por una rueda, y una cubeta de piel, se asegura en un extremo de la cuerda. Jeremías usó el cuadro de una cisterna rota que chorreaba agua, para ilustrar uno de sus sermones. “Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas rotas que no detienen aguas” (Jer. 2:13).

ORIGEN DEL AGUA DE JERUSALEN

Charcos de agua en medio y en derredor de la ciudad. A través de la mayor parte de su historia, la Ciudad Santa ha dependido grandemente de cisternas privadas, las que sus habitantes han mantenido para acaparar el agua de lluvia. La ciudad misma no ha tenido a través del tiempo fuentes vivientes o manantiales dentro de sus muros. El manantial de Gihon, ahora llamado “La fuente de la Virgen”, está localizado en el valle de Cedrón, apenas afuera de la ciudad de los jebuseos o Ciudad de David. El rey Ezequías construyó un acueducto o túnel desde el manantial atravesando la roca bajo la ciudad hasta un lugar en el valle de Tiropeo, donde se construyó un tanque para recibir las aguas (2 Reyes 20:20). El estanque ha llevado el nombre de “Estanque de Siloe”. El proyecto del agua fue emprendido principalmente para dar suficiente agua a la ciudad en tiempos de sitio. El estanque ha sido importante fuente de agua para Jerusalén a través de los siglos. Aquí se reúnen para lavar sus ropas las mujeres árabes de la vieja ciudad, o sus vestiduras, a sus niños. Y más allá en la boca del túnel, llenan sus jarras para llevar el agua para las necesidades familiares. A este estanque ocasionalmente viene algún pastor a lavar sus ovejas.

Otros estanques localizados en y en derredor de la ciudad que han proporcionado agua, incluyen el pozo de Ezequías, localizado dentro del muro y alimentado con agua a través del acueducto subterráneo desde el Estanque de Mamilla. Este último estanque queda a unos seiscientos cuarenta metros al oeste de la puerta de Jafa fuera del muro, y está en el valle de Hinom recibiendo las aguas que escurren de ese valle. El estanque del Sultán queda apenas fuera de la esquina suroeste del muro en este mismo valle. El Estanque de Bethesda se encuentra dentro del muro oriental entre la puerta de San Esteban y el muro norte del cercado del templo. Fue aquí a donde muchos enfermos concurrían a bañarse en el tiempo de Cristo, creyendo que las aguas tenían propiedades curativas. Allí fue donde Cristo sanó al hombre impotente (Juan 5).

ElEstanque de Salomón y el área de depósito del templo. A tres kilómetros al sur de Belén, se encuentran tres depósitos de agua, que por siglos se les ha llamado los Estanques de Salomón. porque por lo general se cree que él los construyó. Josefo indica que fue probablemente Poncio Pilato quien los reconstruyó y ensanchó. El agua de estos estanques era llevada a Jerusalén por medio de un acueducto cavado en la roca y la depositaba en un gran receptáculo localizado en el área del templo. Aun en la actualidad el agua de este manantial se lleva a la superficie a un punto entre la Cúpula de la Roca y la Mesquita el-Aksa, con una cubeta de piel asegurada a una cuerda y pasándola por una rueda. Los aguadores usaban “botellas” y venían aquí a llevar su agua a muchas partes de la ciudad de Jerusalén.

Durante seis meses del año, cuando no llueve, el agua se escasea en muchas partes de Palestina, especialmente durante la última parte de la estación, cuando una tras otra, Tas cisternas se han ido secando y los pozos permanentes y los manantiales que siempre fluyen de los cuales se depende para el abastecimiento de agua. En tales tiempos el aguador irá a un pozo o depósito, y luego lleva su agua a aquellos que la necesitan. El puede ir por las calles de la ciudad o por el mercado gritando: “a todos los sedientos, venid a las aguas”. Ha habido tiempos en que una persona filantrópica ha pagado al aguador por el agua que él necesita y luego le deja ofrecerla sin precio a los que la necesitan. Entonces él llamará: “¡a todos los sedientos venid y bebed sin precio, sin precio!” Tales palabras nos recuerdan la invitación profética de Isaías: “A todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, sin dinero y sin precio” (Isa. 55:1).

Agua para la Jerusalén moderna. La porción de Palestina ahora incluida en la nueva nación de Israel ha sufrido una maravillosa transformación en lo que respecta a su acopio de agua con propósitos de irrigación lo mismo que para los usos de los hogares. Las costumbres primitivas están rápidamente desapareciendo y las costumbres modernas están tomando su lugar en las secciones judías de la tierra. La parte judía de Jerusalén tiene ahora un nuevo acopio de agua que viene de una distancia de cuarenta y ocho kilómetros de la antigua Antipatris, o el Ras el Em, localizado en la Llanura de Sarón. El agua viene de muchos manantiales allí localizados y se lleva por medio de estaciones de bombeo de relevo por una larga tubería hasta la cresta de las montañas, y de allí hasta donde está la Ciudad Santa.

La Jerusalén bajo el control de Israel se ha accidentalizado mucho con tuberías de agua en las casas. Pero en mucho de la antigua ciudad porción árabe de Jerusalén, aún se ve a las mujeres llevando jarras de agua sobre la cabeza o los hombros, y a los hombres llevando “botellas” de cuero de cabra con agua, de una manera muy parecida a la de los antiguos hebreos. Y numerosas cisternas aún conservan el agua de lluvia.

Asaltos y Venganza de Muerte
ASALTOS

Práctica entre tribus de árabes del desierto. Cuando no hay un gobernante fuerte entre las tribus árabes del desierto que sea ca­paz de conservar la paz entre dichas tribus, entonces algunas de ellas pueden volver al viejo pasatiempo de asaltar a otra tribu. Seleccionarán primero una tribu que esté bien aprovisionada de ganado y mercancías, enviarán primero exploradores a familiarizarse ellos mis­mos con la tribu que desean asaltar. Organizarán sus fuerzas a fin de llegar allí en determinada noche en que no haya luna. Vendrán a hurtadillas. Uno de los hombres o jóvenes se acercará a las tiendas para atraer la atención de los perros, luego este joven correrá en otra dirección para atraer a los perros lejos de las tiendas. Cuando el lugar ya ha sido limpiado de los perros, entonces los hombres se abalanzan desde distintas direcciones, desatando los camellos, arrean el ganado y las ovejas, robándose todo lo que pueden de algún valor para llevarlo a sus tiendas o darlo a su jefe. Esto se hace entre el griterío de las mujeres. Los hombres que se les opongan, son venci­dos. Pero los asaltantes tendrán mucho cuidado dc no herir a las mujeres dc ni derramar sangre. La religión mahometana permite los asaltos, pero no permite que se pierdan vidas en el proceso. Si se derrama sangre, entonces principia una “riña de sangre” y esto es una cosa muy seria, porque a veces se sucede de generación a ge­neración. La tribu toma empeño en matar a tantos como los que fueron muertos en el asalto.

Práctica en los días del Antiguo Testamento. En cl libro de los Jueces, bandas de gente del desierto a quienes se llamaban “Los niños del Oriente”, eran una constante amenaza para los israelitas. Cuando estos campamentos de pastores se acercaban a las orillas de los terrenos de agricultura, se planeaba un asalto contra la cosecha de Israel, o algunos de sus ganados, rebaños, u otra mercancía de valor. La Escritura dice de esta gente: “Pues como los de Israel habían sembrado, subían. . . los orientales contra ellos; destruían los frutos de la tierra. . . y no dejaban qué comer a Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos” (Jueces 6:3, 4). Los ladrones que moraban en tiendas eran conocidos en los días de Job, porque él dice de ellos: “Prosperan las tiendas de los ladrones” (Job 12:6). El profeta Abdías dice de los ladrones que roban por las noches: “Si ladrones vinieren a ti, O robadores de noche. . . ¿No hurtarán lo que les bastase?” (Abdias 5). Estos ladrones de tiempos antiguos son en varios modos simi­lares a los asaltantes árabes de tiempos modernos. Estos últimos nos ilustran el método usado por los primeros.

VENGANZA DE MUERTE

La antigüedad de esta costumbre. El derramamiento de sangre durante un asalto da principio a una riña de sangre, la que puede prolongarse por muchos años. La base para esta riña es una cos­tumbre o ley que es común entre los pueblos semíticos. La unidad social entre estos pueblos es la tribu o el clan. Los miembros de cualquiera tribu tienen la obligación de castigar a quien quiera que haga mal a un miembro de su clan. La sangre de un miembro que haya sido asesinado de su tribu “clama. . . desde la tierra” (Gén. 4:10), y el hombre pariente más cercano tiene la obligación especialmente de vengar su muerte. En tiempos antiguos en lugar de que el Estado ejecutara al asesino, venía a ser la obligación de su pariente vengar la muerte de su familiar. La ley de Moisés reconocía este derecho del pariente, pero protegía a la persona que mataba a otra por accidente y no de propósito, y por eso estaban establecidas lis ciudades de refugio, a donde tal persona podía huir y recibir justicia. “Estas seis ciudades serán para acogimiento a los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare en ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro por yerro” (Núm 35:15). Pero estas ciudades de refugio no protegían a un asesino que lo fuera realmente. Pues él era entregado al pariente para que ejerciera la venganza. El vengador de sangre (i. e., el pariente) él mismo debía matar al asesino: “cuando lo encontrare, él le matará” (Núm. 35:19).

Aplicación del principio en tiempos bíblicos. Las tribus árabes beduinas en la actualidad se gobiernan a sí mismas de acuerdo con las antiguas Costumbres y leyes. Toda la tribu participa con el pa­riente en la responsabilidad de vengar la sangre derramada. Estos viejos reglamentos necesitan conocerse para poder tener un entendi­miento de lo que aconteció en el libro 2 Samuel, capítulo 21. Una hambre vino a la tierra de David por tres años consecutivos, y cuando David preguntó al Señor la causa de ello, el Señor le contestó: “Es por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los Gabaonitas” (2 Sam. 21:1). El rey Saúl había quebrantado el convenio que Israel había hecho con los gabaonitas, y había cruelmente asesinado a mu­chos de ellos. Como una tribu oriental, esta banda de hombres sin­tióse obligada a vengar el crimen de Saúl, pero no halló oportunidad para hacerlo. De acuerdo con la ley del pariente, comúnmente acep­tada entre ellos, ya que el culpable estaba muerto, cierto número de sus descendientes deberían pagar la pena por el crimen. Así la muer­te de siete hombres descendientes de Saúl reconciliaba por el pe­cado de Saúl, en lo que interesaba a esta tribu.

Usos y costumbres de las tierras bíblicas por Fred H. Wigh

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