01-ESTUDIO POR LIBRO – 12.EXÓDO: La paciencia (16.1-36)

La paciencia (16.1-36)

Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto (16.1).


Las preguntas que más a menudo hacen los niños durante un viaje largo, son: «¿Cuánto falta para llegar?», y «¿Ya llegamos?». Cuando yo era niño, mi familia hizo varias veces viajes largos en automóvil.
Por lo general, después de media hora de viaje, un tremendo jaleo se armaba en el asiento de atrás entre mi hermano menor, Steve, y yo. Decíamos: «¡Él me tocó!»; «Mami, Steve no tiene puesto el cinturón de seguridad como ordenaste»; «¿Cuándo nos vamos a detener a comprar algo para beber?»; «¿Cuándo vamos a llegar a casa de abuela?».
Imagínese esta escena multiplicada por un millón. Los israelitas estaban lejos de la tierra prometida, lejos de Canaán. Había entre ellos y esta tierra, un enorme desierto. Había transcurrido un mes y medio desde que los maravillosos milagros de Dios los habían liberado de la esclavitud egipcia (16.1). Dios les había endulzado las aguas de Mara, y un oasis con doce fuentes de agua, y setenta palmeras, les había preservado la vida; sin embargo estuvieron prontos para quejarse, a pesar de las pruebas del cuidado de Dios.
En los cuarenta y cinco días que habían pasado desde que comenzaron a ser libres de la esclavitud, se quejaron en tres ocasiones. Se quejaron junto al Mar Rojo y en Mara. Ahora, en el desierto de Sin, murmuraban porque tenían hambre: Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud (16.2-3).

DIOS ES PACIENTE

Me sorprende que Dios no destruyera a este pueblo en ese momento. Mi propia impaciencia me dice que un Dios justo, se vengaría y metería en cintura a tales murmuradores. ¡Habían visto más milagros que cualquier otro pueblo en la historia! Debían haber creído. Dios podía haber hecho que les cayera una lluvia de granizo ardiente desde los cielos. ¡Podía haberles concedido lo que pedían enviándolos de regreso a Egipto!
En lugar de destruir a estos quejosos, Dios los alimentó enviándoles maná y codornices.
Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová (16.4-8).
Él dio instrucciones detalladas sobre lo que
debían hacer con este pan del cielo llamado maná:
«Recoged solamente lo necesario para el día,
excepto el viernes, cuando recogeréis lo necesario
para dos días, así no trabajaréis el sábado». Algunos
recogieron lo necesario para dos días en días que
no eran viernes, y por tal razón se les echó a perder.
Otros salieron a buscar maná el sábado. Moisés se
enojó contra ellos (16.20), pero Dios fue paciente y
perdonador.
LA PACIENCIA DE DIOS ES NECESARIA
Nosotros también necesitamos el perdón de
Dios en nuestras vidas, cada vez que erramos en
nuestras relaciones con los demás. ¡Cuán espantoso
sería que Dios fuera impaciente para con sus hijos!
¿Cuánto podría durar cualquiera de nosotros si no
fuera por la paciencia de Dios? ¡Este Dios de
paciencia vive en nosotros y se esfuerza por
ayudarnos en nuestros matrimonios, en la iglesia,
en nuestras relaciones con los demás, y en nuestro
andar con Jesucristo!
La paciencia para con los demás se arraiga en
nuestro entendimiento de la paciencia de Dios para con
nosotros, y en el hecho de que haya sido implantado el
Espíritu Santo en nuestros corazones. ¿Qué impedía
que lloviera fuego de los cielos sobre el desierto de
Sin? La paciencia de Dios. Una y otra vez leemos en
el Antiguo Testamento que Dios es tardo para la
ira: «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia,
que perdona la iniquidad y la rebelión,
aunque de ningún modo tendrá por inocente al
culpable;…» (Números 14.18; cfr. Nehemías 9.17;
Salmos 103.8). La paciencia de Dios es limitada
para con los que se rebelan y continuamente se
oponen a Su voluntad, pero Él abunda en perdón y
paciencia para con los que le aman.
Jesús, Dios con nosotros, tuvo paciencia en
extremo para con sus discípulos. Durante tres años
y medio, Jesús batalló por hacer partícipes de su
misión a estos doce hombres, pero ellos a menudo
cometieron errores. ¡Los líderes, los diáconos, los
ancianos y los ministros de la iglesia, necesitan oír
esto! ¿Cómo soportó Cristo a estos hombres? A
veces fueron incrédulos, se llenaron de vanagloria,
de odio y de ambición. Pedro a menudo habló sin
pensar lo que decía. ¿Por qué se refirió Jesús a
Simón como Pedro, es decir, como «piedra», cuando
en realidad recordaba más a un pudín? Pedro
descendió de la barca y anduvo sobre las aguas del
Mar de Galilea en dirección a Jesús, pero este
mismo Pedro comenzó a hundirse cuando vio la
tormenta. Cuando la madre de Santiago y de Juan
se acercó a Jesús para pedirle un favor, Jesús la
escuchó. «Haz de mis dos hijos tus primeros
ministros», le pidió ella. Ellos debieron haber estado
cerca cuando su madre dijo esto, pues Jesús les
preguntó: «¿Podéis beber del vaso que yo he de
beber?». Y les dijo: «Vosotros no entendéis. Esto no
es mío darlo». Luego los discípulos comenzaron a
disputar, y Jesús tuvo que explicarles que ellos no
se organizarían como ciertos grupos paganos en
los que había un jefe. Su grupo sería gobernado
solamente por siervos (Mateo 20). Imagínese lo
que Jesús pensó cuando hizo su entrada triunfal en
Jerusalén, sabiendo que esta misma gente que le
cantaba alabanzas, pronto estaría pidiendo su
crucifixión.
Cuando una ciudad samaritana no escuchó las
prédicas de ellos, Santiago y Juan -llamados los
Hijos del Trueno, tal vez por sus repentinos cambios
de humor- le sugirieron a Jesús que destruyera
aquella ciudad con fuego de los cielos. Tomás
siempre exigió «¡Quiero ver las pruebas!». Cuando
Jesús les dijo que se iría a prepararles lugar en
los cielos, Tomás quiso que le dieran detalles
preguntando: «… ¿cómo, pues, podemos saber el
camino?» (Juan 14.5). Jesús les ha dado a los líderes
de la iglesia el modelo perfecto de la paciencia:
Enseñar con bondad y siempre tomar en cuenta los
sentimientos de las personas.
Es fácil decir de otras personas: «Es que son
débiles. Si tuvieran una relación apropiada con
Dios, no tendrían tales problemas». Los líderes de
la iglesia a menudo atienden a las necesidades de
aquellos miembros que ponen su grito en el cielo,
excluyendo a los demás. Los líderes desilusionados
no desean prestarles atención a los quejosos. Es
fácil ser indiferente para con los de poco ánimo y
espiritualmente débiles, pero ellos necesitan atención
y aliento. No basta con decir que deberían ser más
fuertes. Esto no nos excusa de pastorear a esta
gente personal y pacientemente. Atienda a lo que
Pablo expresa: «También os rogamos, hermanos,
que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de
poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis
pacientes para con todos» (1era Tesalonicenses 5.14).
Es fácil desanimarse con la gente. Todos
tenemos cierta idea de cómo debieran marchar las
cosas. Nos parece que los demás deberían conformarse
a nuestro modo de pensar acerca de la
iglesia, del hogar y del mundo. Cuando otros no
ven las cosas tal como las vemos nosotros, es fácil
enojarse y desanimarse con la gente.
Se espera mucho de los miembros de la iglesia.
Esperamos que nuestros iguales cristianos sean sin
defecto, y que no tengan debilidad visible alguna.
Si a un hermano o hermana le resulta difícil
3
entregarse al Señor y dominarse a sí mismo, y
esto es algo que persiste, nuestra tendencia es a
desanimarnos con esa persona. Puede que estén
batallando con algún problema moral o familiar,
sin embargo ¡¿habrá alguno que esté sin pecado
como para arrojar la primera piedra?! Si pensamos
que no tenemos debilidades importantes en nuestras
vidas, ningún pecado con el cual batallar, entonces
habremos sucumbido bajo el más peligroso de
todos los pecados -el del orgullo.
LA PACIENCIA DE DIOS ES
PARA SER IMITADA
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra
boca, sino la que sea buena para la necesaria
edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y
no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el
cual fuisteis sellados para el día de la redención.
Quítense de vosotros toda amargura, enojo,
ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos
amados. Y andad en amor, como también Cristo
nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros,
ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante
(Efesios 4.29-5.2).
Estamos llamados a ser imitadores de Dios, a
amar como Cristo amó, sacrificando completamente
nuestro ego. La primera cualidad del amor
divino que se menciona en 1era Corintios 13, está
relacionada con la paciencia: «El amor es sufrido»
(1era Corintios 13.4). Este bien conocido capítulo
sobre el amor, también dice que el amor «no guarda
rencor,… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo
espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de
ser;…» (1era Corintios 13.5-8).
Según una historia de la tradición hebrea,
Abraham estaba sentado fuera de su tienda una
noche, cuando vio a un anciano que caminaba
hacia él, exhausto por la edad y por el viaje.
Abraham corrió a recibirlo y lo invitó a pasar a su
tienda. Le lavó los pies, y le dio de comer y de
beber. Cuando el anciano comenzó a comer sin
haber orado, Abraham le interpeló: «¿No adora
usted a Dios?». El viejo caminante le contestó: «Yo
sólo adoro al fuego y no tengo reverencia para
ningún otro dios». Al oír esto, Abraham lo echó de
su tienda al frío de la noche. Según se cuenta,
cuando el anciano se alejó, Dios llamó a Abraham
y le preguntó dónde estaba el extraño. Abraham
respondió: «Lo eché porque no te adoraba a Ti».
Dios le respondió: «Yo lo he soportado durante
todos estos años, a pesar de que me deshonra. ¿No
podrías haberlo soportado tú aunque fuera una
noche?». Esta manera de entender la paciencia de
Dios para con la gente, debería hacernos mejores
portadores de las buenas nuevas. Leemos: «El Señor
no retarda su promesa, según algunos la tienen por
tardanza, sino que es paciente para con nosotros,
no queriendo que ninguno perezca, sino que todos
procedan al arrepentimiento» (2a Pedro 3.9).
La paciencia de Dios es la única razón por la
que la tierra todavía está en pie. Cada momento
que pasa es una oportunidad más para que el
hombre se vuelva a Él. Jesús contó una vez una
parábola acerca de un sembrador (Mateo 13.3-23).
La semilla era la palabra de Dios. A nadie he
conocido más paciente que los agricultores. Labran
la tierra en febrero, fertilizan en marzo, siembran
en abril, cultivan en mayo y junio. Durante el
caliente verano cortan la mala hierba, riegan el
cultivo y combaten los insectos. No es sino hasta en
el otoño que el cultivo está listo para ser cosechado.
Jesús usó esta ilustración para describir el
proceso del evangelismo: Regamos la semilla y
oramos para que sea multiplicada. Esto lleva su
tiempo. Dar a conocer las buenas nuevas de Jesús
a los demás, no es algo que hagamos un día y
luego nos olvidemos de hacerlo al siguiente. Es
algo que hacemos continuamente en nuestro diario
vivir. Deberíamos estar siempre buscando las
oportunidades de sembrar la semilla. Jamás se
justifica que seamos ofensivos; sólo hablemos la
palabra de vida de modo que la gente pueda ver el
camino al cielo. La paciencia nos hará mejores
líderes de la iglesia, mejores maestros del evangelio,
y mejores hermanos y hermanas entre nosotros.
CONCLUSIÓN
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor,
¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que
peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No
te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces
siete. Por lo cual el reino de los cielos es
semejante a un rey que quiso hacer cuentas con
sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le
fue presentado uno que le debía diez mil
talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó
su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo
lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba,
diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te
lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido
a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus
consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo
de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me
debes. Entonces su consiervo, postrándose a
sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia
conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no
4
quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que
pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que
pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y
refirieron a su señor todo lo que había pasado.
Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo
malvado, toda aquella deuda te perdoné,
porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve
misericordia de ti? Entonces su señor, enojado,
le entregó a los verdugos, hasta que pagase
todo lo que le debía. Así también mi Padre
celestial hará con vosotros si no perdonáis de
todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas
(Mateo 18.21-35).
La paciencia de Dios tiene como propósito
reproducirse ella misma en los hijos de Dios. La
impaciencia es pecado.
¿Y qué de usted? ¿Se ha entregado usted al
Señor Jesús? Él es paciente para con usted. Ha
esperado que usted venga o regrese a Él.

About these ads

  1. ROSA CASTILLO MORALES

    ME LLAMO ROSA ARGENTINA CASTILLO MORALES ME GUSTA SABER MUCHO DE LA BIBLIA Y ESTOY INTERESADA DE APRENDER MAS DE ELLA YO SE QUE ALGÙN DÌA EL SEÑOR ME VA A USAR PARA SU OBRA. Y ES MUY BONITO QUE USTEDES SAQUEN ESTA ENSEÑANZA PORQUE ASÌ APRENDE UNO MAS GRACIAS Y QUE EL SEÑOR LOS SIGUA BENDICIENDO CADA DÌA MAS




Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.663 seguidores

%d personas les gusta esto: