01-EXÉGESIS BÍBLICA – 01-Descubriendo el significado del texto Escritural – John Piper

 

PREFACIO

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John Wesley dijo una vez: “He pensado que soy una criatura de un día, pasando por la vida como una flecha a través del aire. Soy un espíritu que procede de Dios, y regresando a Dios, sólo paso sobre el gran abismo, hasta que unos momentos, por lo tanto, no soy más visto; caigo en una eternidad inmutable! Quiero saber una cosa: el camino al cielo, cómo llegar seguro a esa costa feliz.  Dios mismo ha condescendido para enseñar el camino; para este mismo fin El vino del cielo. Él lo ha escrito en un libro. ¡Oh dame ese libro a cualquier precio, dame el Libro de Dios!” (del prefacio de Sermones para varias ocasiones de John Wesley, publicado originalmente en 1771).


Este libro ha sido costoso. Mártires lo escribieron y otros han sufrido intensamente por su fidelidad a él. El libro ha sido preservado y transmitido a través de arduos esfuerzos. Se ha traducido a la lengua nativa de miles de pueblos, a veces a costa de la vida, por no mencionar tiempo, energía y dinero.
Este libro es un “tesoro de santo gozo.” Es de este libro que aprendemos lo que enseñan los apóstoles con relación al sacrificio supremo del Hijo de Dios. Es de este libro que aprendemos acerca de la supremacía de Dios en todas las cosas. Es de este libro que aprendemos acerca de lo que nuestro soberano y buen Padre requiere de nosotros, sus dependientes hijos.
Si un rico tío dejó su enorme herencia a la persona nombrada en su testamento, y tú sabías que eras esa persona, estarías muy celoso de ver que el tribunal interpretó la voluntad de tu tío en una manera acorde con el significado que el autor quería dar.
O si estuvieras desesperadamente enfermo con una enfermedad terminal y escuchas de un médico que sabe la cura y que escribió un régimen de salud para ti, harías todo lo que esté en tu mano para entender lo que el médico quería decir en su régimen de salud y para hacer todo lo que el régimen pidió, ¡cuánto más debemos, al igual que Wesley, considerar la Palabra de Dios como un tesoro digno de ser estudiado!
Debido a que la Biblia es la única inerrante e infalible autoridad de lo que pensamos acerca de Dios y cómo Él quiere que vivamos, no es de sorprendernos que traigamos un montón de equipaje en el texto. Por nuestra propia naturaleza no nos gusta la idea de autoridad absoluta sobre cualquier persona fuera de nosotros mismos. ¿Y que si Dios nos ordena hacer algo que no queremos hacer? ¿O qué si se revela a Sí mismo de una manera diferente de la que creemos que debería ser? Esto llevaría a una tremenda presión sobre nosotros de importar nuestros propios significados en el texto en lugar de contender nosotros mismos con el significado original del autor, independientemente de a donde nos lleve.
Por tanto, necesitamos tres cosas en las cuales tener cuidado al interpretar la palabra de Dios. En primer lugar, hemos de admitir que necesitamos ayuda y que vamos a morir sin ella. Por nosotros mismos, solo dependiendo de nuestra razón humana,
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estamos perdidos y sin esperanza. Necesitamos revelación del cielo. ¡Nuestra vida eterna depende de esto! En segundo lugar, necesitamos fe en la bondad soberana del autor. Esta fe no sólo nos libera para ir a donde la Biblia nos lleva, sino que nos impulsa a ir donde la Biblia nos lleva. Es, como dice Wesley, “el Libro de Dios”.
En tercer lugar, tenemos que aprender a leer con el tipo de cuidado que corresponde al valor de este Libro.
En este folleto, John Piper pasa a nosotros una forma de leer el texto que aprendió de Daniel Fuller, Profesor Emérito en el Seminario Teológico Fuller. No hay nada mágico acerca de este método. Está simplemente diseñado para ayudarnos a frenar, dejar que el autor nos lleve a su mundo, y seguir su tren de pensamiento. Nos enseña a descubrir el punto principal del autor y ver cómo los otros puntos ilustran y apoyan el punto principal.
Como un joven cristiano en la universidad de Bethel, tuve el privilegio de tomar varias de las clases del pastor John Piper (Lo conocía sólo como el doctor Piper), en las cuales nos entrenó, proposición tras proposición, a través de Romanos, 1 Pedro, 1 Juan, Efesios, Lucas y otros. Su pasión era que viéramos con nuestros propios ojos la realidad a través de los ojos de los escritores bíblicos. Él no pretendió ver perfectamente esta realidad, él estaba (y está aun) en proceso. Él no pretendía que adoptáramos sus conclusiones, pero nos ayudó a llegar a nuestras propias conclusiones y a ver cosas que él mismo todavía no había visto. Recuerdo una vez, cuando estábamos estudiando Romanos 11:33-36, que el peso de la gloria del texto inspiró a la clase a cantar de manera espontánea la Doxología. La teología bíblica
conduce a la doxología.
Después de la graduación mi apetito por comprender y aplicar la Palabra de Dios se fue aumentando cada día más. Me llevó a pasar los próximos dos años a estar bajo la tutoría y la enseñanza del mentor de John Piper. Daniel Fuller temblaba bajo el privilegio y la responsabilidad de estudiar y enseñar la Palabra de Dios como pocas personas. Cada palabra de Dios era preciosa a sus ojos; cada proposición de la Escritura no era sólo una perla en una cuerda, sino un eslabón de la cadena. Y el estudio de este libro importaba. La eternidad está en juego dependiendo de la forma en que se entiende y se enseña la Biblia. No hubo juego académico de hombres.
Durante los últimos 19 años, como pastor en la Iglesia Bautista Belén, he tratado de transmitir a los jóvenes y a los adultos, de una u otra forma, el método de estudio de la Biblia que enseña este folleto. Algunas personas lo captan con más rapidez que otras, pero al final todos han visto la hermosura de la Palabra de Dios a través de éste.
Al leer este folleto, quiera Dios aumentar nuestra pasión para estudiar la Palabra de Dios por nosotros mismos y luego pasar este conocimiento a otras personas.
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Tom Steller
Pastor de Misiones y de Desarrollo de Líderes
Iglesia Bautista Belén, Miniápolis
Julio 1999

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METAS
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Los afectos
“Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi
palabra” (Isa. 66:2).
Es una cosa impresionante confesar que en la Biblia escuchamos la Palabra de Dios.
No hay esperanza para el exegeta que nunca tiembla ante ella; Dios no tiene
consideración para con él, y él llegará a nada a pesar de escribir un millar de libros.
Creo que la Biblia es la Palabra de Dios. Por lo tanto, debo definir el objetivo final
de la exégesis Bíblica como abarcar tanto el corazón como la cabeza. Las
Escrituras tienen por objeto afectar nuestros corazones y cambiar la manera como
nos sentimos acerca de Dios y su voluntad. El exegeta que considera que este es el
objetivo del Dios vivo para nuestros días, no puede contentarse sólo con el
descubrimiento de lo que las Escrituras significaban originalmente. Él debe tener
como objetivo, en su exégesis, ayudar a lograr el objetivo final de la Escritura: su
significado contemporáneo para la fe. Es la voluntad de Dios que su Palabra aplaste
los sentimientos de la arrogancia y la autosuficiencia y que dé esperanza a los pobres
de espíritu.
“El Señor DIOS me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una
palabra al fatigado” (Isa. 50:4).
La exégesis que tarde o temprano no toque nuestras emociones, y a través de
nosotros, las emociones de otros, es en última instancia un fracaso porque no ha
comunicado el efecto que la Escritura debería tener.
“Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se
escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras
tengamos esperanza” (Rom. 15:4).
Por tanto, la exégesis Bíblica debería ser la enzima intelectual que transforma la
indiferencia de nuestros inútiles afectos en una profunda y alegre vida de esperanza.
Jesús dijo:
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea
perfecto” (Jn. 15:11).
La instrucción bíblica que no comparte este objetivo falla en dos maneras: por la
extinción de los afectos con una fría indiferencia y por perturbar a las personas
cuyas velas no encienden. Pero nada de esto es necesario si la exégesis bíblica se
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maneja como debe manejarse, a saber, el catalizador epistémico que desencadena la
combustión de una alegría divina en el corazón humano. La teología muy
rápidamente se convierte en ociosa palabrería si no da a luz doxología en el
corazón. No hay ninguna razón por la que el más riguroso erudito bíblico no pueda
ni deba decir con Jonathan Edwards:
“Yo mismo debo pensar en el camino de mi deber, a fin de aumentar los afectos de mis oyentes tan
alto como me sea posible, siempre y cuando sean afectados con la verdad y con afectos que no sean
desagradables a la naturaleza de aquello con lo que son afectados” 1.
Por supuesto, la definición de las metas fundamentales de la exégesis bíblica de esta
manera da por sentado que el exegeta está convencido de que las Escrituras son la
revelación de la verdad. Sin embargo, muchos exegetas no comparten esta
convicción. El objetivo que se ha descrito no se aplica a ellos. Esa es la razón por
la que la hemos descrito como un objetivo final. Hay un objetivo inmediato que
como exegetas evangélicos compartimos con todo exegeta, aun cuando éste crea que
las Escrituras son verdaderas o no. Ambos queremos comprender con exactitud lo
que los autores bíblicos originales querían realmente comunicar. Una persona que no
tiene interés en confesar la verdad de la Biblia puede ser capaz, en cualquier caso, de
entender y confirmar el sentido original del autor con tanta precisión como cualquier
exegeta que cree que la Biblia es verdad. Esta es la razón por la que podemos hacer
eficaz el uso de instrucción bíblica en todo tipo de personas. Añado esta nota para
evitar confusión: Las metas que estamos describiendo deben ser puntualizados,
teniendo en cuenta nuestra convicción de la verdad de la Biblia. Como tal, estas
metas son diferentes de y van más allá, de las metas de exegetas que no comparten
esta convicción.
El intelecto
Nos hemos referido a la exégesis como una enzima intelectual y como un
catalizador epistémico. Esto significa que el exegeta tiene inevitablemente algo de
intelectual. Él está muy ocupado con la vida de la mente. La razón más obvia de
esto es que la verdad que él valora viene a él en un libro inspirado divinamente.
Pero un libro debe ser leído, y la buena lectura es un acto intensamente intelectual.
Un evangélico cree que Dios se humilló a Sí mismo, no sólo en la encarnación de su
Hijo, sino también en la inspiración de las Escrituras. El pesebre y la cruz no fueron
sensacionales. Tampoco lo son la gramática ni la sintaxis. Pero así es como Dios
eligió revelarse a Sí mismo. Un pobre judío campesino y una frase preposicional
tienen esto en común, ambos son humanos y ordinarios. Que el pobre campesino era
Dios y la frase preposicional es la Palabra de Dios no cambia este hecho. Por lo
tanto, si Dios se humilló a Sí mismo al hacerse hombre y al hablar el lenguaje
humano, ¡ay de nosotros si arrogantemente pretendemos ignorar la humanidad de
Cristo y la gramática de la Escritura!
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Pero no es suficiente decir que la revelación de Dios en la Escritura viene a nosotros
en el lenguaje humano. Ella viene en el lenguaje de seres humanos particulares, en
un tiempo particular y en lugares particulares. No hay principios distintivos de
lenguaje divino. Es decir, cuando Dios habló a través de los hombres, no siempre
usó la misma lengua o el mismo estilo o el mismo vocabulario. Más bien todos los
indicios apuntan al hecho de que Dios usó siempre el lenguaje, el estilo y el
vocabulario de escritores bíblicos individuales. Incluso en los discursos proféticos
en que Dios es directamente citado hay rasgos de lenguaje que distinguen a un autor
de otro.
Las implicaciones de esto para el establecimiento de nuestro objetivo en la exégesis
son cruciales. Permítaseme ilustrar. En vista de esta concepción de inspiración, si
queremos construir lo que Dios pretende de la palabra “sabiduría” en Santiago 1:5,
no importamos el sentido de “sabiduría” de Proverbios 8. Es decir, no piense que ya
que estos dos usos de “sabiduría” tienen el mismo autor divino probablemente tienen
el mismo significado. Por el contrario, reconocemos que debido a que el propio Dios
hace uso del lenguaje de sus propios portavoces reveladores, haríamos mejor en ir a
Santiago 3:15 a ver cómo Santiago emplea la palabra “sabiduría”, y así descubrir la
intención de Dios.
Concluyo, por tanto, que el sentido de Dios en la Escritura es sólo accesible a través
del idioma en particular de los portavoces humanos. Mi creencia en la inspiración,
por lo tanto, es una creencia de que para entender lo que estos autores humanos
deseaban comunicar a su particular situación histórica, es también la propia
intención de Dios para esta situación. En consecuencia, el objetivo más inmediato
de la exégesis es entender lo que los autores bíblicos querían comunicar en su
situación. El objetivo es ver la realidad a través de los ojos de otra persona.
Esto tiene dos grande implicaciones:
Para aquellos que piensan que la Biblia es infalible y autoritativa en cuestiones de fe
y práctica, la buena exégesis se convierte en una tarea humilde, pues ella demanda
que nuestras propias ideas tomen un segundo plano. La manera en que sentimos y
pensamos acerca de la vida está sujeta a la manera en que nosotros escuchamos lo
que el autor siente y piensa. La buena exégesis se convierte en una amenaza para
nuestro orgullo. Por ella corremos el riesgo de descubrir con honestidad que la
visión profética y apostólica de la vida es diferente de la nuestra, a fin de que nuestra
visión – y con ella nuestro orgullo – se derrumbe.
¿Acaso podremos nosotros criaturas caídas y amadoras de su propia gloria hacer una
buena exégesis? ¿Acaso no utilizaremos todos nuestros recursos a fin de ocultar
nuestra ignorancia o rebelión? ¿Acaso no distorsionaremos o torceremos el
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significado de las Escrituras a fin de que ésta apoye nuestra propia opinión y nuestro
ego? Nosotros sabemos que esto ocurre todos los días. Pero, ¿debería pasar
Siempre?
Es precisamente en este punto que creemos que el Espíritu Santo realiza un rol
crucial en el proceso exegético para el creyente dependiente. Él nos susurra en
nuestros oídos el significado del texto. Él se interesa sobre el texto que Él mismo
inspiró y no acorta el estudio del mismo. El trabajo primario del Espíritu Santo en la
exégesis es abolir el orgullo y la arrogancia que no nos permite abrirnos a la
Escritura. El Espíritu Santo nos hace enseñables porque nos hace humildes. Él nos
hace confiar totalmente en la misericordia de Dios en Cristo para nuestra felicidad a
fin de que nuestro orgullo no sea amenazado si uno de nuestros puntos de vista
resulta ser equivocado. La persona que se reconoce a sí misma como finita e
indigna y que por lo tanto se regocija en la misericordia de Dios, no tiene nada que
perder cuando su ego es amenazado.
El fruto del Espíritu es amor. Esto es crucial para la exégesis. El amor no busca lo
suyo; no se siente amenazado. Al contrario, el amor se regocija en la verdad. Esta
es la marca del buen exegeta. Él no busca lo suyo propio, sino la verdad. Si la
verdad que él encuentra entra en conflicto con sus propias ideas, él se regocija en
haber encontrado la verdad y humildemente reconoce que su propia opinión estaba
errada.
El Espíritu Santo hace posible la emocionante experiencia del crecimiento. Sólo la
mente humilde realmente crece en entendimiento. La mente orgullosa está más
interesada en protegerse a sí misma que en expandirse y corregirse. Por lo tanto,
permanecerá pequeña y estrecha. Los arrogantes son siempre gente pequeña. Los
humildes, en cambio, parecen pequeños, pero ellos heredarán la tierra. Así que,
mientras que la buena exégesis es humilde, es a la vez tremendamente amplia. Ella
nos reduce a nuestra verdadera pequeñez, de tal manera que podamos ver y disfrutar
la magnífica y eterna verdad revelada en las Escrituras.
Una segunda implicación que se deduce de nuestra meta en la exégesis es que la
exégesis envuelve lo que toda lectura envuelve, a saber, el trabajo intelectual (y a
menudo tedioso) de construir los principios del lenguaje de un autor. Convertirse en
un buen exegeta significa simplemente continuar refinando las habilidades que
comenzamos a aprender en la edad de tres años. Para entonces luchábamos con “el
cabello de Sally está rizado,” ahora luchamos con “De tal manera amó Dios el
mundo”. Solíamos preguntarles a nuestras madres qué significa la palabra “rizado”.
Ahora usamos concordancias y comentarios.
Dios nos ha hablado en un lenguaje humano y escrito. No podemos captar el
significado del lenguaje a menos que entendamos los principios del lenguaje que los
autores de la Biblia utilizaron. Por tanto, debemos hacer todo esfuerzo de tratar con
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la gramática y la historia bíblica porque el uso especifico del lenguaje de un autor
bíblico está determinado por su situación histórica.

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  1. Juan Ovalle

    deseo recibir estudio de esegesis biblica

  2. SEGIO PINEDEA

    Tengo mucho interes en equiparme lo mejor posible,con documentos certificados como los que ofrecen ustedes, por lo que les agradecere, me tomen en cuenta. BENDICIONES

  3. he estado buscando material en la red con caracteristicas e inclinaciones aceptadas bajo principios y valores cristianos, por lo que me a parecido muy importante su pagina y los documentos que ofrecen, actualmente poseo un nivel academico de Licenciatura lo cual me a ayudado aseguir escudriñando mas profecionalmente la Escrituras, e estado capacitando durante 10 años a personas formando el caracter de Lideres al estilo de Jesus, tengo en proceso la apertura de un Centro de Estudios Biblicos por lo que quisiera que tomaran en cuenta mi solicitud de suscribirme a su pagina para que me puedan enviar periodicamente via
    E-mail los documentos que ustedes consideren que puedan ser de mi interes, actualmente estoy muy interesados en documentos de como Enseñar de forma practica y hacer Exegesis desde ya les estoy muy agradecido a su respuesta

    att: Sergio Pineda Bendiciones

  4. Jose Leiva Bello

    nesecito material sobre el salmo mas citado en el nuevo testamento el salmos 110 y todo lo que tenga sobre cristologia

  5. Karina Moreira Sanchez

    Es muy bueno saber que hay personas que si creen que existe Jehova Dios, me alegra.
    La biblia es una buena forma de saberlo

  6. LEANDRO MORA

    Dios te continue bendiciendo. Vivo en Venezuela. me congrego en la Iglesia Impacto de dios a las naciones. quisiera instruirme mas. ya que soy maestro de la iglesia

  7. favor de enviarme a este correo electronico los bosquejos de exegesis biblica por favor el señor se los recompensara

  8. Raquel Simmons

    deseo recibir estudios de exegesis biblica

  9. elizabeth lopez

    que dios les bendiga,ha sido de mucha ayuda,y complemento,para mi vida espiritual,les felicito,por su trabajo para realizar esta página,bye-saludos,

  10. LEDA CASTRO H

    bendiciones por su trabajo, y enseñanzas,
    seria posible me envien,un ejemplo de como hacer una exegesis en un pasaje de la biblia, soy estudiante de teologia
    muchas gracias, Dios los siga usando, voy a escoger una clase que imparten udes

  11. euclides coroba

    gracias por la biblia portable




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