Sección 1 – Parte 4

LA SOBERANIA DE DIOS.

Toda persona que piensa puede ver fácilmente que un poder soberano rige su vida. Jamás se le preguntó si deseaba nacer o no; o cuándo, o dónde, o qué había de nacer; si en el siglo veinte o antes del diluvio; si en la América o en la China; si blanco o negro. Los creyentes de todas las épocas han reconocido a Dios como el Creador y Soberano del universo, y por consiguiente, como la fuente de todo poder que se encuentra en las criaturas. Por lo tanto, nada puede acontecer aparte de su soberana voluntad. Cuanto más meditamos en esta verdad, tanto más descubrimos que conduce a razones que establecen la posición calvinista y refutan la arminiana.

Dios, por ser el creador de todo lo que existe, es también, por consiguiente, el dueño absoluto y el que dispone de todo lo que ha hecho. El ejerce no sólo una influencia general, sino que efectivamente gobierna al mundo que ha creado. Las naciones, insignificantes a los ojos de Dios, son como “el polvo de la balanza” comparadas con su grandeza; y más fácil fuese que el sol se detuviese en su curso que verse obstaculizada su labor o su voluntad. En medio de todas las aparentes derrotas e inconsistencias de la vida, Dios prosigue adelante en imperturbable majestad. Aun las obras pecaminosas de los hombres ocurren sólo porque él las permite. Y puesto que él permite, no involuntariamente, sino voluntariamente, todo lo que sucede—inclusive los hechos y el destino final de los hombres—por consiguiente, todo procede conforme a lo que él ha deseado y a lo que se ha propuesto. En la medida que se niegue esta realidad, quedará Dios despojado de su soberanía. Claro está, algunos problemas surgen aquí los cuales no podemos resolver debido a nuestro grado de conocimiento presente; pero eso no es causa suficiente para rechazar lo que las Escrituras y los dictados de la razón afirman ser cierto.

Si el poder de un rey terrenal es ley en su reino, ¡cuánto más la palabra de Dios en el

suyo! El creyente sabe que el día se acerca cuando, de buena o mala gana, toda rodilla se doblará

y toda lengua confesará que Cristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Las Escrituras

presentan a Dios como el Dios TODOPODEROSO, como el que tiene en su mano el dominio

universal y el que conoce el fin desde el principio y los medios que han de usarse para lograr

dicho fin. El puede hacer por nosotros mucho más abundantemente de lo que pedimos o

pensamos. Es decir, la categoría de lo imposible no existe, “para quien todas las cosas son

posibles” (Mt. 19:26; Mr. 10:27). No obstante, esto no significa que El tenga poder para hacer

aquello que es contrario a su naturaleza, o para obrar en forma contradictoria. Es imposible que

Dios mienta o haga algo que sea moralmente indebido. Tampoco puede hacer que dos y dos

sumen cinco, ni que una rueda gire y a la misma vez permanezca inmóvil. Su omnipotencia es

garantía segura de que el curso del mundo será conforme a su plan, del mismo modo que su

santidad es garantía de que todas sus obras serán hechas en rectitud.

La doctrina de la soberanía de Dios se encuentra desarrollada de manera consistente no

sólo en el Nuevo sino también en el Antiguo Testamento. El Dr. Warfield, refiriéndose a la

doctrina como aparece en el Antiguo Testamento, dice: “El hacedor omnipotente de todas las

cosas es presentado de igual manera como el soberano irresistible de todo lo que ha hecho; se

sienta Jehová como rey para siempre” (Sal. 29:10). Y continúa diciéndonos que los escritores de

esta parte de la Biblia rara vez usan expresiones tales como “llueve”; de manera instintiva hablan

de Dios como el que envía la lluvia, etc. La posibilidad de accidente y casualidad no existe y aun

“echar la suerte era un medio aceptado de obtener la decisión de Dios (Jos. 7:16; 14:2; 18:6; 1 S.

10:19; Jon. 1:7). Todo, sin excepción, está bajo su control, y su voluntad es la razón fundamental

de todo lo que acontece. El cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay son los instrumentos a

21

través de los cuales él lleva a cabo sus propósitos. La naturaleza, las naciones, y la fortuna de

cada ser humano presentan en todos sus cambios la fiel expresión de su propósito. Los vientos

son sus mensajeros, las llamas de fuego sus ministros: cada suceso natural es obra suya; la

prosperidad es don suyo, y si la desgracia llega a la vida del hombre, es el Señor que lo ha hecho

(Am. 3:5, 6; Lm. 3:33-38; Is. 47:7; Ec. 7:14; Is. 54:16). El dirige los pasos de los hombres,

quiéranlo éstos o no; él enaltece y él abate; él ablanda el corazón o lo endurece; y él crea los

mismos pensamientos e intenciones del alma”.’

¿Y rehusaremos creer que Dios puede convertir a un pecador cuando le place? ¿Será que

el todopoderoso, el omnipotente soberano del universo no puede cambiar el carácter de las

criaturas que ha creado? El cambió el agua en vino en Cana, y convirtió a Saulo en el camino a

Damasco. El leproso dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, y a su palabra la lepra

desapareció.

Ciertamente Dios puede limpiar el alma tan fácilmente como e] cuerpo. Creemos que

Dios, sí quisiera, muy bien pudiera movilizar un ejército de ministros, misioneros, y obreros

cristianos de distintas clases, de tal manera que el mundo entero quedaría convertido en muy

poco tiempo. Si en realidad Dios querría salvar a todos los seres humanos, podría enviar al

mundo huestes angelicales con el propósito de instruir a la humanidad y de ejecutar obras

sobrenaturales. De hecho, él mismo podría obrar de forma maravillosa en el corazón de cada

persona para que nadie se perdiera. Y como e) mal existe sólo porque él lo permite, si deseaba,

podría hacerlo desaparecer del universo. Su poder para hacer todas estas cosas fue claramente

visible en la obra que ejecutó el ángel de destrucción que en una noche mató a todos los

primogénitos de los egipcios (Ex. 12:29), y en otra noche dio muerte a 185.000 del ejército asirio

(2 R. 19:35). También fue demostrado cuando la tierra se abrió y se tragó a Coré y sus

compañeros (Nm. 16:31-33); también cuando Ananías y Safira cayeron muertos repentinamente

(Hch. 5:1-11); y cuando Herodes murió comido de gusanos (Hch. 12:23). Dios no ha perdido

nada de su poder, y es deshonroso en gran manera suponer que él está luchando de continuo con

la raza humana tratando de hacer lo más que puede sin poder lograr sus propósitos.

Aunque la soberanía de Dios es universal y absoluta, no es la soberanía de un poder

ciego. Al contrario, dicha soberanía está unida a su infinita sabiduría, santidad, y amor. Y esta

doctrina, cuando es bien comprendida, nos trae gran consuelo y seguridad. ¿Quién no preferiría

que todos sus asuntos estuviesen en las manos de un Dios de infinito poder, sabiduría, santidad, y

amor, y no que dependieran de la fortuna, o de la casualidad, o de irrevocables leyes de la

naturaleza, o de nuestras mismas personas pervertidas y miopes? Los que rechazan la soberanía

de Dios deben considerar qué otras alternativas les quedan.

¿De qué manera, pues, son controlados y dirigidos los acontecimientos del universo?

“Conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. La

tendencia actual es la de dejar a un lado las doctrinas de la soberanía de Dios y de la

predestinación a fin de dar lugar a la autocracia de la voluntad humana. El orgullo y la

presunción de! hombre, por un lado, y su ignorancia y depravación, por el Otro, lo inducen a

excluir a Dios y a exaltarse a sí mismo tanto como pueda; y ambas tendencias se combinan para

alejar del calvinismo a la gran mayoría de la humanidad.

La idea que abrigan los arminianos de que los propósitos eternos de Dios pueden, en

algunos casos al menos, ser derrotados, y que e! hombre, que es no sólo una criatura sino una

criatura pecadora, puede coartar los planes del Todopoderoso, se contrasta de manera

impresionante con la idea bíblica de la inmensurable exaltación de Dios, la cual lo exime de toda

debilidad humana. El que los hombres no puedan siempre llevar a cabo sus planes se debe o a su

22

falta de poder, o a su falta de sabiduría; pero puesto que Dios posee estos recursos y otros más de

manera ilimitada, ninguna emergencia imprevista puede surgir, y, por lo tanto, para él no existen

razones para cambio. El suponer que sus planes puedan fallar, y que sus esfuerzos se puedan

malograr, es degradarlo al nivel de sus criaturas.

Pruebas bíblicas

· Daniel 4:35: El hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la

tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

· Jeremías 32:17: ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran

poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti.

· Mateo 28:18: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

· Efesios 1:22: Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las

cosas a la iglesia.

· Efesios 1:11: En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al

propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.

· Isaías 14:24, 27: Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera

que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado… Porque Jehová de los

ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extienda, ¿quién la hará

retroceder?

· Isaías 46:9, 10, 11: Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo

soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde

el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo

permanecerá, y haré todo lo que quiero…. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y

también lo haré.

· Génesis 18:14: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

· Job 42:2: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

· Salmo 115:3: Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.

· Salmo 135:6: Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares

y en todos los abismos.

· Isaías 55:11: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que

hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

· Romanos 9:20, 21: Más antes, OH hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?

¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad

el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para

deshonra?

About these ads

  1. gerardo hernandez

    predestinacion no es lo mismo que destinacion, alli esta la confusion, todos estamos previamente destinados primero a creer, el que cree en la locura del Evangelio, esta destinado a ser Salvo

  2. estan muy buenos los estudios Dios los bendiga




Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.664 seguidores

%d personas les gusta esto: