COMO EXPERIMENTAR LAS PROFUNDIDAES DE JESUCRISTO

2

Cómo comenzar

Me gustaría dirigirme a usted como si usted fuera un principiante en El Ungido, uno que está buscando conocerlo. Al hacerlo así, déjeme sugerirle dos formas de venir al Señor. Llamaré la primera forma: “orar las Escrituras”; la segunda forma la llamaré: “contemplar al Señor” o “esperar en su presencia”.

“Orar las Escrituras” es una forma única en su género de usar la Biblia; implica tanto leer como orar.

Aquí está cómo debe comenzar.

Abra la Biblia; escoja algún pasaje que sea sencillo y bastante práctico. A continuación, venga al Señor. Venga en forma callada y humilde. Allí, delante de El, lea una pequeña porción del pasaje bíblico que haya abierto.

Sea esmerado al leer. Capte plena, apacible y cuidadosamente el sentido de lo que está leyendo. Saboréelo y digiéralo conforme lee.

Puede que en el pasado usted haya tenido el hábito de moverse muy rápido de un versículo al otro al leer, hasta leerse todo el pasaje. Quizá procuraba hallar el punto más importante del pasaje.

Pero al venir al Señor por medio de “orar las Escrituras”, usted no lea rápido; lea muy despacio. No se mueva de un pasaje a otro, hasta que haya captado el verdadero sentido de lo que ha leído.

Entonces puede que usted quiera tomar esa porción de la Biblia que lo ha tocado y desee convertirla en oración.

Después que usted haya captado algo del pasaje y sepa que la esencia de esa porción ha sido extraída y todo el sentido más profundo del mismo ha pasado, entonces, de manera muy lenta y suave y en forma tranquila comience a leer la siguiente porción del pasaje. Usted se sorprenderá al descubrir que cuando su tiempo con el Señor ha terminado, habrá leído muy poco, probablemente no más de media página.

“Orar las Escrituras” no se conceptúa por cuánto usted lee, sino por la forma en que lee.

Si lee rápido, lo beneficiará muy poco. Será como una abeja que meramente roza la superficie de una flor. En cambio, al leer de esta nueva manera, con oración, usted vendrá a ser como la abeja

14

que penetra en las profundidades de la flor. Se zambulle hondo den-tro de ella para sacar su néctar más profundo.

Desde luego, hay una clase de lectura bíblica con fines de erudición y para estudio —pero no aquí. ¡Esa clase de lectura estudiosa no lo ayudará cuando se trata de asuntos que son divinos! A fin de recibir algún provecho profundo e íntimo de las Escrituras, usted debe leer como lo he descrito. Sumérjase en las profundidades mismas de las palabras que lee, hasta que la revelación, como un aroma dulce, rompa sobre usted.

Estoy absolutamente segura de que si usted sigue este método, poco a poco vendrá a experimentar una oración muy rica que fluye de lo recóndito de su ser.

Pasemos ahora a la segunda clase de oración, que mencioné anteriormente.

La segunda clase de oración que describí al principio del capítulo como “contemplar al Señor” o “esperar en el Señor (esperar en su presencia)”, también hace uso de la Biblia, aun cuando no es realmente un tiempo de lectura.

Recuerde que me estoy dirigiendo a usted como si usted fuera un nuevo convertido. Aquí está su segunda manera de encontrar a Jesucristo. Pero, aun cuando usted estará usando la Biblia, este segundo camino a El tiene un propósito totalmente diferente del de “orar las Escrituras”. Por esta razón, usted debe destinar un tiempo separado en que pueda venir simplemente a esperar en El.

Al “orar las Escrituras” usted procura hallar al Señor en lo que está leyendo, en esas palabras propiamente dichas. Por consiguiente, en esa forma el punto central de su atención es el contenido del texto bíblico. Su propósito es captar del pasaje todo aquello que le revela al Señor.

¿Y qué decir de esta segunda forma?

En este “contemplar al Señor”, usted viene a El de una manera totalmente diferente. Quizás en este punto necesito compartir con usted la máxima dificultad que va a tener en esperar en el Señor. Esto tiene que ver con su mente. La mente tiene una tendencia muy fuerte de desviarse del Señor. Por tanto, al venir delante de su Señor para estar sentado en su presencia, contemplándolo, use la Biblia para aquietar su mente.

La forma de hacer esto es realmente muy sencilla.

En primer lugar, lea un pasaje de la Biblia. Una vez que usted perciba la presencia del Señor, el contenido de lo que ha leído ya no es importante. El texto bíblico ha servido para su propósito: ha tranquilizado su mente; lo ha traído delante de El.

Para que pueda ver esto más claramente, déjeme describirle la forma en que usted viene al Señor por el sencillo acto de contemplarlo y esperar en El.

Usted empieza dedicando un tiempo para estar con el Señor. Cuando viene a El, venga calladamente. Vuelva su corazón a la presencia del Señor. ¿Cómo se hace esto? También esto es muy

15

sencillo. Usted se vuelve a El por fe. Mediante la fe usted cree que ha venido a la presencia de Dios.

A continuación, mientras usted está delante del Señor, comience a leer alguna porción de las Escrituras.

Al leer, haga una pausa.

Esta pausa debe ser muy suave. Usted hace una pausa con el objeto de poder poner su mente en el Espíritu. Usted pone su mente internamente —en El Ungido.

(Usted debe recordar siempre, que no está haciendo esto para obtener alguna comprensión de lo que ha leído; más bien, está leyendo a fin de volver su mente de las cosas externas a las partes profundas de su ser. Usted no está allí para aprender ni para leer, sino que está allí ¡para experimentar la presencia de su Señor!)

Mientras está delante del Señor, mantenga su corazón en la presencia de El. ¿Cómo? Usted hace esto también por fe. Sí, mediante la fe puede mantener su corazón en la presencia del Señor. Ahora, esperando delante de El, vuelva toda su atención hacia su propio espíritu. No deje que su mente divague. Si su mente empieza a divagar, vuelva su atención otra vez a las partes íntimas de su ser.

Usted quedará libre de divagar —libre de toda distracción exterior— y será traído cerca de Dios.

(El Señor se encuentra tan sólo dentro de su espíritu, en lo recóndito de su ser, en el Lugar Santísimo; allí es donde El mora. Cierta vez el Señor prometió venir y hacer su morada dentro de nosotros. (Juan 14:23) Prometió estar con los que lo adoran y hacen su voluntad. El Señor se encontrará con usted en su espíritu. Fue San Agustín quien dijo cierta vez que, al principio de su experiencia cristiana, él perdió mucho tiempo tratando de encontrar al Señor externamente, más bien que tornándose hacia adentro.)

Una vez que su corazón se ha tornado internamente al Señor, usted tendrá una percepción de su presencia. Podrá notar su presencia en forma más aguda, porque ahora sus sentidos externos se han tornado muy tranquilos y apacibles. Su atención ya no está en las cosas externas o en los pensamientos superficiales de su mente; en cambio, en forma suave y callada, su mente queda ocupada con lo que usted ha leído y por ese toque de la presencia de El.

Oh, no es que usted va a estar pensando en lo que ha leído, sino que se alimentará de lo que ha leído. Por amor al Señor usted ejerce un acto de voluntad para mantener su mente tranquila delante de El.

Cuando ha llegado a este estado, usted debe dejar que su mente descanse.

¿Cómo describiré lo que se ha de hacer a continuación?

En este estado muy apacible, absorba lo que ha gustado. Al principio, esto puede parecer difícil, pero tal vez yo puedo

16

mostrarle cuán sencillo es en realidad. ¿No ha gustado usted, a veces, el sabor de una comida muy apetitosa? Pero a menos que usted estuviese dispuesto a tragar esa comida, no recibiría alimento. Es igual con su alma. En este estado tranquilo, apacible y sencillo, simplemente absorba como alimento lo que hay allí.

¿Y qué decir de las distracciones?

Digamos que su mente comienza a divagar. Una vez que usted ha sido tocado profundamente por el Espíritu del Señor y se distrae, sea diligente en traer su mente divagante de vuelta al Señor. Esta es la forma más fácil del mundo para vencer las distracciones externas de la mente.

Cuando su mente haya divagado, no trate de lidiar con ella cambiando lo que está pensando. Usted ve, si le presta atención a lo que está pensando, tan sólo irritará su mente y la excitará más. En vez de eso, ¡apártese de su mente! Siga volviendo a la presencia del Señor allá dentro de usted. Haciendo esto ganará la guerra que tiene con su mente divagante y, sin embargo, ¡nunca se enfrascará directamente en la batalla!

Antes de concluir este capítulo, quisiera mencionar uno o dos puntos más.

Hablemos acerca de la revelación divina. En el pasado, su hábito de lectura puede haber sido divagar de un tema a otro. Pero la mejor manera de entender los misterios que están ocultos en la revelación de Dios y de disfrutarlos plenamente, es dejar que queden profundamente impresos en su corazón. ¿Cómo? Usted puede hacer esto deteniéndose en esa revelación tan sólo mientras la misma le dé una percepción del Señor. No se apure en ir de un pensamiento a otro. Esté con lo que el Señor le ha revelado; quédese allí justo mientras haya allí también una percepción del Señor.

Desde luego, al comenzar esta nueva aventura usted descubrirá que es difícil controlar su mente. ¿Por qué es así? Porque a lo largo de muchos años de hábito, su mente ha adquirido la habilidad de divagar por todo el mundo, tal como le place; de manera que de lo que hablo aquí, es de algo que ha de servir como una disciplina para su mente.

Tenga la seguridad de que conforme su alma se acostumbra cada vez más a apartarse para las cosas internas, este proceso vendrá a ser mucho más fácil.

Hay dos razones para que usted encuentre cada vez más fácil poder traer su mente bajo sujeción al Señor. Una es que, después de mucha práctica, la mente habrá de formar un nuevo hábito de ahondar en lo recóndito de uno mismo. ¡La segunda es que usted tiene un Señor muy benigno!

El principal deseo del Señor es revelarse a usted y, para hacer eso, le da abundante gracia. El Señor le da la experiencia de gozar de su presencia. El lo toca, y su toque es tan delicioso que, más que nunca, usted es atraído íntimamente a El.

About these ads

  1. patricia

    Muchas bendiciones, gracias al Señor encontré esta enseñanza, pues uno de mis mayores problemas es precisamente someter mi mente en el momento de buscar de Él, es una lucha, sobre todo cuando se vive en un ambiente donde hay mucha distracción, y muchas cosas que te afectan espiritualmente…

    Dios te bendiga

  2. Marta Pereira D

    Bendiciones:
    Muy buenos los temas han sido de gran bendicion para nuestro ministerio llevamos dos años como pastores y las enseñansas han sido de gran ayuda ….
    Bendiciones y que el Señor les siga dando mayor revelacion
    Bendiciones Past. Marta

  3. monica

    deseo saber si al inscribirme me van a cobrar o es gratuito
    gracias anticipadamente

  4. gracias me parecio importante despues viene lo dificil ponerlo aprueba lo voy a poner en practica marta de pompeya si pueden orar para que el señor ordene mi economia gracias mi mente y todo lo demas mis hijo fernando cintia marcelo lucia y ruben sane de gordura inchazon cure adelgase sin dieta ya que no la puede hacer cuesta/////quiero cada dia tener encuentro con DIOS saber que hacer y que no solo quiero servirle a el de todo corazon

  5. hola gracias tengo una revista que me la dio el señor hace unos años pueden orar para que la pueda seguir editando haciendo gracias marta fernando cintia marcelo lucia /ruben marcelino dangio gracias




Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.552 seguidores

%d personas les gusta esto: