DEVOCIÓN A TODA PRUEBA

(Dn. 1:1-8)

Introducción:

Hay una canción para niños muy sencilla basada en la historia bíblica de Daniel que dice en la primera estrofa:

Yo quiero ser tan fiel

Como fue el buen Daniel

Propuso en su corazón

Y nunca se contaminó.

Esta estrofa, sencilla e infantil, resume en pocas palabras la vida de este gran hombre de Dios, que propuso en su corazón ser fiel sin importar las consecuencias, y mantuvo ese compromiso hasta el fin de sus días: “nunca se contaminó”.

Eso no quiere decir que Daniel nunca haya pecado, porque dice la Biblia que no hay un hombre que haga siempre el bien y nunca peque; pero sí permaneció firme en su determinación de obedecer a Dios y serle fiel aun a costa de su propia vida.

Daniel se distinguió de muchas maneras en su larga carrera como hombre de estado, tanto en el imperio babilónico como en el medo persa, pero la característica que sobresale y lo distingue es su devoción a toda prueba, el coraje de permanecer aferrado a sus convicciones en medio de la más grosera corrupción moral y religiosa.

Es eso lo que hace de Daniel un modelo digno de ser imitado. Lo que expresa esta canción en una forma infantil no es un deseo infantil. Todos nosotros, niños, jóvenes, adultos, ancianos, debemos anhelar y procurar de todo corazón imitar la fidelidad de este hombre de Dios.

Pero eso no es tan sencillo como cantar “Yo quiero ser tan fiel / como fue el buen Daniel”; vivir como él vivió es algo mucho más complejo y demandante.

En la mañana de hoy vamos a introducirnos en la vida de Daniel, considerando los primeros 8 versículos del capítulo 1, un texto clave para comprender todo el resto de la historia y la devoción por la que este hombre se distinguió.

Hay tres escenas aquí a las que deseo llamar vuestra atención. En primer lugar, la conquista de Jerusalén en manos del rey Nabucodonosor (vers. 1-2); en segundo lugar, el reclutamiento de Daniel y sus amigos para ser entrenados en Babilonia (vers. 3-7); y en tercer lugar, la resolución de Daniel (vers. 8).

Para ayudar nuestra memoria hay tres palabras claves aquí que podemos resaltar en nuestros encabezados: conquista, reclutamiento y resolución. Veamos, en primer lugar, la conquista.

I. LA CONQUISTA DE JERUSALÉN EN MANOS DEL REY NABUCODONOSOR:

Como vimos el domingo pasado, la conquista de Jerusalén se produjo luego de muchas advertencias de parte de Dios a Su pueblo a través de los profetas. Israel, como pueblo del pacto, debía guardar los mandamientos de la ley de Dios y apartarse de la idolatría; pero fueron infieles y finalmente les sobrevino el castigo que por tanto tiempo Dios les había anunciado.

En el año 605 a. C., Nabucodonosor, rey de Babilonia, se enfrentó con una coalición del ejército egipcio y el de los asirios en la batalla de Carquemis. En esta batalla Nabucodonosor sale victorioso y Babilonia se convierte en la primera potencia militar del Oriente Medio. Es un poco de tiempo después, en ese mismo año, que se produce el evento que Daniel narra en el capítulo 1 de su libro.

Ahora, es interesante notar las dos perspectivas que Daniel nos brinda de este evento (vers. 1). Esta fue una campana militar preparada y ejecutada por el rey de Babilonia. Él se dirigió hacia Palestina porque así lo quiso, porque era su deseo conquistarla y anexarla a su imperio.

Pero en el vers. 2 nos da una perspectiva distinta, otra cara de la misma moneda (leer). Al hacer lo que hizo Nabucodonosor estaba cumpliendo el plan soberano de Dios. Eso fue lo que el Señor decretó que ocurriese, que Israel fuera severamente castigado por su pecado. El rey de Babilonia fue la vara que Dios usó para castigar a su pueblo infiel.

¿Era Nabucodonosor una especie de títere en las manos de Dios? De ninguna manera. El actuó como agente responsable, y algún día tendrá que dar cuentas de sus acciones delante de Dios, incluyendo la manera como trató a Israel en aquellos días.

Pero Dios es el Señor soberano de la historia, y aun cuando Sus criaturas actúan como agentes responsables, y llevan a cabo sus propios deseos y su propia voluntad, en una manera misteriosa y que escapa a nuestra razón esas criaturas llevan a cumplimiento el plan soberano de Dios.

A menos que contemplemos todos los eventos de la historia, y todas las cosas que ocurren a nuestro alrededor, bajo esta doble perspectiva de la soberanía de Dios por un lado y la responsabilidad humana por el otro, no tendremos una comprensión adecuada de la vida.

Dios tiene un plan y lo está llevando a cabo, pero nosotros no somos Sus títeres; somos seres responsables, y es como tales que actuamos y tomamos decisiones. Dios es soberano, el hombre es responsable. Si Daniel no hubiese tenido presente estas dos caras de la moneda, es probable que no hubiese actuado como actuó.

Él sabía que había ido a parar a Babilonia por la voluntad soberana de Dios, pero también sabía que eso no anulaba su responsabilidad como ser humano y como creyente. Él no pensó dentro de sí: “Si peco no es mi culpa, porque fue Dios quien me puso en esta situación”.

Ese no fue el pensamiento de Daniel. Él sabía que Dios estaba llevando a cabo Su plan con ellos como nación, pero no era un fatalista (“lo que será, será”). No. Él propuso en su corazón no contaminarse.

Dios es soberano, pero nosotros somos responsables, y nuestras decisiones tienen repercusiones. Si me arrojo al vacío desde un edificio de 10 pisos es muy probable que me mate. Esa decisión tendrá sus consecuencias. Y este hombre asumió las suyas con responsabilidad cuando se vio de repente en Babilonia por la voluntad soberana de Dios.

Un detalle que no deseo pasar por alto es el que Daniel menciona en el vers. 2 sobre los utensilios del templo (leer). Muchos judíos pensaban que Dios no permitiría la conquista de Israel porque allí estaba el templo de Jehová, el lugar donde Dios manifestaba Su gloriosa presencia en el AT.

En Jer. 7 vemos que muchos israelitas veían el templo de Dios como una especie de amuleto. “Mientras el templo esté ahí estamos seguros. Dios no permitirá que su casa sea profanada”. Y pensando así continuaron en su pecado, hasta que Dios los castigó y el templo fue saqueado, y más adelante destruido.

Precisamente por ser el pueblo de Dios, y porque en el templo se manifestaba Su gloriosa presencia, Israel debía poner todo empeño en ser fiel al pacto. A mayor privilegio, mayor responsabilidad. Cristo dice en Lc. 12:48 que “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”.

Israel tuvo grandes privilegios en el antiguo pacto, pero no fueron fíeles a Dios, no fueron consecuentes con lo mucho que se les había dado y fueron severamente castigados. Los utensilios del templo fueron a parar muy probablemente al templo de Marduc o tal vez al templo de Bel en Babilonia. Dios mismo los entregó en manos de Nabucodonosor.

Nosotros, el pueblo de Dios del nuevo pacto, disfrutamos de privilegios aun mayores que los que Israel disfrutó, pero no olvidemos que Dios sigue siendo un Dios santo; las iglesias locales también pueden ser abandonadas por Él cuando sus miembros toman en poco Su Palabra.

En el libro de Apocalipsis Cristo advierte a la iglesia de Éfeso que retiraría el candelero de su lugar si no se arrepentían de su pecado de desamor. Que Dios nos libre de ser los culpables de que Su gloria deje de manifestarse con poder en medio nuestro como ha sido hasta ahora.

A lo largo de los años hemos visto a muchos venir al conocimiento de Cristo, y les hemos visto crecer y perseverar por la gracia y el poder del Espíritu Santo. La gloria de Dios se ha manifestado y se sigue manifestando entre nosotros, ¡y alabado sea Dios por eso!, porque es de pura gracia que Él lo hace. Pero no demos por sentado que siempre será así.

Si Dios retira Su candelero de esta iglesia este edificio se convertirá en un mausoleo, en un club religioso y nada más. Es tu responsabilidad y la mía no llegar a ser la causa de que una cosa tan terrible ocurra en este lugar. No cometamos el error que Israel cometió y tomemos en serio las advertencias de Dios, porque El es fiel cuando promete, pero también es fiel cuando amenaza.

Daniel pudo decir con toda confianza que había sido el Señor quien los había entregado en manos del rey de Babilonia, ¿saben por qué? Porque él creía en las palabras de los profetas, y que nuestro Dios es el Señor soberano de la historia.

Seguramente muchos israelitas se estaban preguntando: “¿Dónde está Dios en medio de esta catástrofe?” Para Daniel era muy obvio que Él estaba llevando a cabo lo que por tanto tiempo anunció que les haría si no se arrepentían de sus pecados.

He aquí, entonces, la primera escena que Daniel nos presenta en el texto: la conquista de Jerusalén en manos de Nabucodonosor. Veamos ahora, en segundo lugar.

II. EL RECLUTAMIENTO DE DANIEL Y SUS AMIGOS PARA SER ENTRENADOS EN BABILONIA:

Como hemos visto ya, el ascenso de Babilonia al poder mundial había sido muy rápido. En poco tiempo el número de conquistados iba a ser muy a ser muy superior al número de los conquistadores.

Controlar un imperio tan grande iba a ser una empresa muy difícil, así que Nabucodonosor diseñó una estrategia genial: seleccionar a un grupo de jóvenes de las naciones vencidas y “babilonizarlos”, cambiarles su forma de pensar, sus gustos, sus ideas, sus inclinaciones, y convertirlos en babilonios (vers. 3-7).

Noten, en primer lugar, el criterio de selección que el rey usó. Nabucodonosor tenía una idea muy clara en mente del resultado que él quería obtener, por eso estableció un criterio de selección bien definido. Por un lado debían ser del linaje real (vers. 3). Debían pertenecer a una clase social elevada, a la nobleza de Israel.

Por otra parte, dice en el versículo 4 que debían ser “muchachos”, y aunque esta palabra no establece con toda certeza una edad específica, es muy probable que Daniel fuera un joven de 14 ó 15 años cuando llegó a Babilonia, una edad cuando las personas están todavía en formación y son más fácilmente moldeados e influenciados.

Nabucodonosor sabía que ese era el momento preciso para comenzar el proceso de “babilonización” de estos jóvenes. También debían poseer ciertas cualidades físicas (vers. 4a). Sin imperfecciones y bien parecidos, hermosos. En aquellos días, lo mismo que ahora, la belleza era considerada una virtud indispensable.

Se pensaba que la apariencia física guardaba una estrecha relación con lo que persona era en esencia. “Mente sana en cuerpo sano”.

Finalmente, se requerían también cualidades intelectuales superiores (vers. 4). Estos muchachos debían ser capaces de asimilar el programa de estudios al que serían sometidos, comprender la información y hacer algo con ella. La frase “enseñados en toda sabiduría” parecer apuntar hacia un conocimiento práctico.

Nabucodonosor no quería teóricos a su lado; él necesitaba un grupo de hombres con los pies en la tierra. Algunas personas son fantásticas para teorizar; uno los oye hablando y se queda con la boca abierta. Pero a la hora de actuar no saben qué hacer. Buenos para la teoría, pésimos para la acción. Ese no era el tipo de hombre que Nabucodonosor quería tener a su servicio.

Así que aquí tenemos a un grupo de jóvenes adolescentes, pertenecientes a la nobleza de Israel, bien parecidos, inteligentes, escogidos para entrar en un programa de entrenamiento especial. Nabucodonosor quería que se olvidaran por completo de su pasado, de su conexión con el pueblo de Dios; quería lavarles el cerebro y llevarlos a pensar, actuar y sentir como babilonios. Ese era el plan.

Ahora, antes de considerar la estrategia que usó para alcanzar sus propósitos, quisiera traer en este punto esta palabra de aplicación: Lo que el rey de Babilonia quiso hacer con estos jóvenes, es exactamente lo mismo que el mundo quiere hacer con nuestros hijos.

El mundo quiere que ellos piensen, actúen y sientan, no conforme a los patrones y estándares de Dios, sino conforme a los patrones y estándares del mundo. Si no los cuidamos de las influencias que el mundo usa para lograr sus propósitos vamos a perder a nuestros hijos.

Y ya no hay que ir a Babilonia; vivimos en una época donde los medios masivos de comunicación han metido a Babilonia en nuestras casas, y muchos padres no parecen estarse dando cuenta de esa realidad. Permiten que sus hijos se expongan indiscriminadamente a todo tipo de películas, programas de TV, a todo tipo de música, como si esas cosas no fuesen a hacer ningún efecto en ellos.

Pero el enemigo de nuestras almas tiene un propósito bien definido con esas cosas. Él no actúa a tontas y a locas. Si permites que tus hijos se expongan a todo eso sin el cuidado debido, absorberán la filosofía del mundo.

No te extrañes después cuando veas que tienen el corazón endurecido y que no quieren saber del evangelio, porque los estás educando para que sean ciudadanos de Babilonia, no del reino de Dios.

Yo se que una buena educación no garantiza que nuestros hijos se vayan a convertir. Padres piadosos tienen hijos impíos (comp. Ez. 18:5-18). Pero es nuestra responsabilidad criarlos para Dios, y exponerlos a los medios que Dios ha prometido usar para salvar sus almas, mientras los guardamos, dentro de lo posible, de todas aquellas influencias que el diablo usa para endurecerlos y alimentar sus pasiones.

“Bueno, pastor, es que mis hijos no son cristianos”. ¿Y por eso vas a dejar que envenenen sus mentes y corazones, que vayan al cine cuantas veces quieran a ver lo que quieran, que escuchen la música que quieran, que vean toda la TV que quieran? Mi hermano, están “babilonizando” a tus hijos y tu lo estás permitiendo. Estás entregándolos a Moloc.

Yo no estoy diciendo con esto que ahora debemos tomar el TV y echarlo a la basura, o que no debemos exponernos a los medios de comunicación. No. Pero si no estamos conscientes del peligro que hay detrás de todo eso, y no guardamos nuestras propias almas y el alma de nuestros hijos, sean creyentes o no, no nos sorprendamos después cuando veamos el efecto de ese proceso de “babilonización” en nuestras vidas y en las vidas de ellos.

La Escritura es clara cuando dice que “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Sant. 1:27). Y más adelante nos dice en 4:4: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.

No seamos simples, hermanos, porque el enemigo de nuestras almas no lo es. Él es muy astuto y sabe perfectamente lo que está haciendo y lo que quiere lograr. Él quiere que tú y yo pensemos, actuemos y sintamos como el mundo piensa, actúa y siente, y que eduquemos a nuestros hijos bajo ese mismo patrón. “No os conforméis a este siglo”, dice Pablo en Rom. 12:2, “no se dejen amoldar al mundo de ese modo”.

Noten lo que hizo Nabucodonosor con estos jóvenes, la estrategia que usó para alcanzar sus propósitos. En primer lugar, los hizo pasar por un proceso de aislamiento.

Dice en los versículos 3 y 4 que estos jóvenes fueron llevados a vivir al palacio del rey. No estaban en un gueto, ni en un campo de concentración. Allí hubiese sido más fácil permanecer siendo fíeles.

Daniel y sus amigos fueron llevados a un lugar donde serían tratados como príncipes. Pero lo que es aun más importante, lejos de toda influencia piadosa. Allí fueron separados de sus padres, de la adoración regular al Dios de Israel, de la enseñanza de Su Palabra, de la comunión con Su pueblo. El proceso de “babilonización” requería ese paso de aislamiento.

Eso es exactamente lo que el mundo quiere hacer con nuestros hijos, aislarlos de nuestra influencia y de la influencia del pueblo de Dios. Los padres tenemos una responsabilidad con nuestros hijos, y no podremos llevarla a cabo si no pasamos tiempo con ellos (comp. Deut. 6:4-7; Pr. 1:8-9; 4: 1-2, 11,20).

Es impresionante lo que el mundo ha cambiado, sobre todo en estos últimos 40 años. El estilo de vida de nuestra generación no tiende a unir las familias sino a desintegrarlas.

Durante la semana cada uno está en lo suyo, los padres en el trabajo, los hijos en la escuela. Luego viene el fin de semana y los muchachos quieren hacer su vida, y tristemente los padres también quieren hacer la suya, de tal modo que aun entre los cristianos la influencia de los padres sobre los hijos es cada vez menor.

El problema es que si nosotros no ejercemos esa influencia en ellos pueden estar seguros de que alguien más lo hará, y no necesariamente para bien (comp. Pr. 13:20; 1Cor. 15:33).

Pero estos jóvenes no solo pasaron por un proceso de aislamiento, sino también, en segundo lugar, de adoctrinamiento (vers. 4). No hay nada de malo en la instrucción académica en sí misma (de hecho, esto es algo sumamente importante), pero lo que había detrás de todo esto era mucho más que una mera instrucción.

Nabucodonosor sabía que las ideas tienen consecuencias, y que si él quería lograr que estos jóvenes actuaran como babilonios debía llevarlos a pensar como babilonios, a ver la vida como ellos la veían, a interpretar los hechos como ellos la interpretaban.

Estos jóvenes debían tener una perspectiva de la vida, una cosmovisión, muy distinta a la que derivamos de la Palabra de Dios.

En esa universidad en la que estudiaron Daniel y sus amigos ninguna de las materias que se impartían tenía relación alguna con el Dios de Israel.

Nuestro Dios creó todas las cosas y, por lo tanto, es imposible que lo perdamos de vista cuando impartimos correctamente instrucción académica, no importa que se trate de historia, geografía, biología o matemáticas. Como dice Pablo en Rom. 11:36: “De Él, por El y para El son todas las cosas”.

Queridos hermanos, las ideas tienen consecuencias. Una educación humanista y secularizada no es una educación neutral, es una conspiración contra el Dios todopoderoso que creó todas las cosas para Su gloria. La meta de ese tipo de educación es desterrar a Dios de nuestras vidas, o circunscribirlo a aquellos aspectos que tienen que ver con lo religioso y espiritual, pero nada más.

Nabucodonosor quería que estos jóvenes dejaran de pensar como israelitas y comenzaran a pensar como babilonios.

Pero no solo los hizo pasar por un proceso de aislamiento y adoctrinamiento, sino también, en tercer lugar, por un proceso de asimilación. Este proceso comenzó cuando se llevaron a estos muchachos a vivir en el palacio real. Imaginen a estos jóvenes adolescentes, hermosos, bien parecidos, en medio de aquel lujo, de todas esas comodidades, rodeados de gente famosa e importante.

¿Qué efecto tendrían esas cosas en su corazón? Hermanos, eso era parte del entrenamiento. Probablemente Nabucodonosor quería que se acostumbraran a la buena vida, y que lo vieran a él como el benefactor que les facilitaba todas esas cosas. Hasta la comida fue cuidadosamente seleccionada (vers. 5).

Visualicen hoy día a un joven bien parecido, brillante, con un Jaguar o un Lexus, una tarjeta de crédito ilimitada, un celular, y viviendo en la casa de Donald Trump o Bill Gates. Eso fue lo que Daniel enfrentó en Babilonia. Con apenas 15 años de edad, una beca en Harvard, un futuro asegurado, y un individuo usando todo eso para corromper su corazón. Tenía todas las de perder espiritualmente hablando.

Y por si todo esto fuera poco, finalmente estos muchachos pasaron por un proceso de re identificación (vers. 6-7). Hasta sus nombres fueron cambiados para que no tuvieran conexión alguna con su pasado religioso.

A Daniel, cuyo nombre significa “Dios es mi juez” o “Dios ha juzgado”, le pusieron Beltsasar, que muy probablemente significa “Belti protege al rey”.

Y así siguieron con los nombres de los demás, asociándolos de un modo u otro con los dioses de Babilonia.

Cada día estos jóvenes escucharían estos nombres y serían tentados a verse a sí mismos conectados con los dioses babilonios y no con el Dios de Israel. Esta fue la prueba a la que se vieron enfrentados estos jóvenes al llegar a Babilonia. ¿Saben cuál fue el secreto de su fidelidad? Ellos siguieron pensando como israelitas.

Los llevaron a vivir al palacio real, los entrenaron, les cambiaron sus nombres, pero no podían cambiarles su forma de pensar. Siguieron pensando como israelitas. Dice en Proverbios 23:7 que tal cual es el pensamiento en el corazón del hombre, tal es él.

Como tú piensas acerca de Dios, de ti mismo y del mundo que te rodea, así vives. Tu manera de pensar determina tu manera de vivir. Nabucodonosor quiso cambiar la forma de pensar de estos jóvenes, pero ellos tomaron la determinación de no permitirlo. Y eso nos lleva a nuestro último encabezado que veremos más brevemente…

III. LA RESOLUCIÓN DE DANIEL:

Vers. 8. En nuestro próximo sermón ampliaremos el estudio de este texto. Por ahora solo quiero resaltar el hecho de que Daniel trazó una línea de lo que habría y no habría de permitir en Babilonia.

No protestó por el cambio de residencia, ni por la instrucción académica, ni por el cambio de nombre; pero cuando llegaron al asunto de la comida con todo respeto “pidió… al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.

He aquí un joven sensato que sabe cuándo debe transigir y cuando no. Daniel pudo hacer una diferencia entre aquello que se podía negociar y lo que no era negociable. Y cuando llegó a la parte no negociable estuvo dispuesto a comer legumbres por el resto de su vida, con tal de no tocar siquiera la comida del rey.

¿Cuál era el problema con esa comida? Muy probablemente el hecho de que había sido ofrecida previamente a los ídolos. Nada era servido en la mesa del rey sin haber sido dedicado primero a algunas de las deidades babilónicas; participar de esa comida era un acto de adoración a sus dioses. Ese era el punto que Daniel y sus amigos no estaban dispuestos a negociar (comp. 1Cor.10:31).

Y yo me pregunto, ¿qué hubiésemos hecho nosotros de haber estado en su lugar? Aquello no parecía una gran cosa. Nabucodonosor no les pidió que hicieran uso de su harén, o que participaran de fiestas orgiásticas (comp. Ex.34:15).

Simplemente debían comer de una comida sacrificada a los ídolos. ¿Fue Daniel un extremista? ¿Cómo lo hubiéramos juzgado nosotros hoy? Si Daniel nos hubiese escrito una carta desde Babilonia, ¿qué les habríamos aconsejado? “Bueno, cuando ellos estén adorando, en tu corazón dale gracias a Dios por los alimentos y cómetelos”.

Y ¿qué hubiesen pensado las personas que estaban allí cuando vieran a este joven participar con ellos? ¿Qué testimonio habrían dado de su fidelidad a Dios? Si Daniel hubiese transigido en ese punto cuando tenía 15 años de edad, seguramente no hubiese podido pasar la prueba del foso de los leones, ni ninguna de las que se le presentaron en el resto de su vida.

Como alguien ha dicho: “Si tu comes con Belial, entonces los leones te comerán a ti” (Geoff Thomas; Daniel; pg. 19). Si no podemos ser fieles a Dios en estas cosas pequeñas, ¿cómo podremos ser fíeles en las más grandes? Son las pequeñas zorras las que echan a perder las viñas, dice en Cantares 2:15. Comenzamos a transigir en una cosa por aquí, en un chiste impropio por allá.

Comenzamos a escuchar y a ver lo que no debemos ver ni escuchar, y poco a poco nuestros corazones comienzan a enfriarse, y poco a poco vemos como las cosas de Dios ya no nos satisfacen como antes, y consecuentemente vemos el mundo más atractivo y deleitoso.

Daniel sabía que lo que estaba en juego allí no era algo sin importancia, porque el punto que se estaba debatiendo aquí era este: ¿A quién vamos a agradar, a Dios o a nosotros mismos y a los demás? ¿Para quién vivimos, para Dios o para nosotros mismos?

Amados hermanos, ¿en cuántas cosas de nuestras vidas hemos transigido que no debíamos haber transigido? ¿Y a cuántos que no transigen en vez de estimularlos a seguir siendo fieles los criticamos y los tildamos de extremistas?

Si Daniel hubiese vivido en esta época y hubiese sido miembro de esta iglesia, ¿hubiese sido amigo tuyo? O tomando en cuenta la edad que Daniel tenía cuando estas cosas ocurrieron, ¿hubiese sido amigo de tu hijo adolescente?

Yo sé que es necesario que Dios obre en la vida de nuestros hijos para que tengan una verdadera transformación y lleguen a ser piadosos, pero aquí cabe preguntarnos si nosotros estamos criándolos para que lleguen a ser como Daniel y sus amigos, o como el montón de israelitas que en los días de Daniel no tuvieron problema alguno en comerse la comida del rey.

Que Dios nos ayude a tener el coraje de criar a nuestros hijos para Dios aunque nadie más los esté criando de ese modo.

Y en cuanto a los amigos que nos visitan, sólo quiero añadir una idea más bien breve. Mi amigo, ¿sabes por qué Daniel mantuvo su firmeza ante el rey de Babilonia. Entre otras razones, porque él tenía de la de sí dos grandes verdades de la Escrituras:

En primer lugar él sabía que el desagrado de Nabucodonosor no podía compararse con el desagrado de Dios (comp. Mt.10:28). Pero Daniel sabía también que el favor del rey de Babilonia no podía compararse con el favor del Rey de los cielos. Y ese Rey puede venir a ser hoy tu Padre por de de Cristo

Algún día tendremos que presentarnos delante de Dios a dar cuenta por nuestras vidas, y allí serán absueltos únicamente aquellos que han encontrado en Cristo el perdón de sus pecados.

 

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  1. ender

    me parece muy bueno este estudio aserca de daniel creo que boy a compartirlo en mi iglesia Dios los bendga

  2. ¡Excelente este sermón pastor! Me gustaría, si es posible, la continuación. ¡Cuánto bien hace escuchar, en mi caso leer, palabra de Dios! Hoy día se justifica todo. Es muy triste la realidad de hoy día. ¡¡¡Dios lo siga bendiciendo!!! Muchas gracias por compartir pastor!!!

  3. carlos morales

    Muy buen estudio !
    Nos motiva a ser como Daniel, y a no contaminarnos con las
    cosas del mundo.

  1. 1 ESTUDIO DE DANIEL – 01 – Devoción a Toda Prueba – Daniel 1:1-8 | Blogs Cristianos

    [...] artículo completo en su fuente original: Centro de Estudio Bíblico para la Edificación de la Iglesia Comparte este artículo con tus amigos en facebook: [...]




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