LA PREDESTINACIÓN (Doctrina) – Parte 1 – INTRODUCCIÓN – Loraine Boettner

SECCION I - Parte 1

Introducción

El propósito de este estudio no es el de presentar un nuevo sistema de pensamiento teológico, sino el de reafirmar ese gran sistema conocido como la fe reformada o el calvinismo, y de demostrar que este sistema es sin lugar a duda bíblico y también razonable. La doctrina de la predestinación recibe comparativamente poca atención en nuestros días y es poco comprendida aun por aquellos que se supone la apoyan con gran lealtad. Sin embargo, es una doctrina que se encuentra incorporada en los credos de la mayoría de las iglesias evangélicas y que ha tenido una influencia notable en la iglesia y en el estado.

Las normas oficiales de las diversas ramas de la Iglesia Presbiteriana y de las Iglesias Reformadas en Europa y en los Estados Unidos de América son calvinistas. Las iglesias bautistas y congregacionales, aunque no poseen credos formales, han sido por lo general calvinistas, si nos es permitido juzgar por los escritos y enseñanzas de sus teólogos representativos. La gran iglesia libre de Holanda y casi todas las iglesias de Escocia son calvinistas. La Iglesia Establecida de Inglaterra y su hija, la Iglesia Episcopal de América, tienen un credo calvinista en sus Treinta y Nueve Artículos. Los metodistas de Whitefield en Gales hasta este día llevan el nombre de “metodistas calvinistas”. Entre los defensores de esta doctrina en el pasado así como en el presente han de encontrarse algunos de los hombres más eminentes y más sabios del mundo. No fue tan sólo Calvino quien la enseñó, sino también Lutero, Zwinglio, Melanchton (aunque Melanchton volvió más tarde hacia la posición semipelagiana), Bullinger, Bucer, y todos los líderes más influyentes de la Reforma. Aunque hubo diferencias en algunos otros puntos, todos estuvieron de acuerdo en esta doctrina y la enseñaron de manera enfática. La obra clásica de Lutero, The Bondage of the Will (La esclavitud de la voluntad), demuestra que él investigó la doctrina con el mismo fervor de Calvino. La sostuvo con más vehemencia y llegó a extremos mucho más severos en defenderla que Calvino. La iglesia luterana hoy día, juzgando por la Fórmula-de Concordia, mantiene la doctrina de la predestinación de una manera modificada. Los puritanos en Inglaterra y los que primeramente se establecieron en América del Norte, al igual que los “Covenanters” (Firmantes del pacto escocés de la reforma religiosa) en Escocia y los hugonotes en Francia eran calvinistas; y es de lamentar que los historiadores en general hayan pasado por alto este hecho tan significativo. Esta doctrina fue sostenida por algún tiempo por la Iglesia Católica Apostólica Romana y dicha iglesia nunca la ha repudiado abiertamente. La doctrina de la predestinación enseñada por Agustín levantó contra él todos los elementos indiferentes en la iglesia, y le colocó contra todo hombre que menospreciaba la soberanía de Dios. Con todo, él prevaleció sobre ellos y la doctrina de la predestinación llegó a ser parte del credo de la iglesia universal. La gran mayoría de los credos del cristianismo histórico han promulgado las doctrinas de la elección, la predestinación, y la perseverancia final de los creyentes, como lo podrá ver cualquiera que haga un estudio aun superficial sobre esta materia.

 En cambio, el arminianismo existió por siglos solamente como una herejía en los lindes de la verdadera religión y no fue apoyado por una

iglesia cristiana organizada sino hasta el año 1784 cuando llegó a ser incorporado en el sistema

doctrinal de la Iglesia Metodista en Inglaterra. Los grandes teólogos de la historia, Agustín,

Wycliffe, Lutero, Calvino, Zwinglio, Zan-chius, Owen, Whitefield, Toplady, y más

recientemente Hodge, Dabney, Cunningham, Smith, Shedd, Warfield, y Kuyper sostuvieron esta

doctrina y la enseñaron con firmeza. Que estos hombres han sido las lumbreras y ornamentos de

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más elevado tipo de cristianismo es admitido por prácticamente todos los evangélicos. Y cabe

señalar que sus obras sobre este gran tema jamás han sido refutadas. Además, el hecho de que el

mahometismo tiene millones de adeptos que creen en algún tipo de predestinación, que la

doctrina del fatalismo ha sido sostenida de una u otra forma en varios países paganos, y que las

filosofías mecanicistas y deterministas han ejercido gran influencia en Inglaterra, Alemania, y en

los Estados Unidos de América, debiera ser causa suficiente para admitir que esta doctrina

merece un estudio cuidadoso.

Desde los días de la Reforma hasta hace unos cien años atrás, estas doctrinas fueron

expuestas con audacia por la gran mayoría de los ministros y maestros en las iglesias

evangélicas; pero hoy nos encontramos con una mayoría aun más grande que sostiene y enseña

otros sistemas. Es cosa rara encontrarse con personas hoy en día a los cuales se les pueden llamar

“calvinistas sin reserva”. De manera muy apropiada pudiéramos aplicar a nuestras propias

iglesias las palabras que Toplady pronunciara con relación a la iglesia de Inglaterra: “Hubo un

tiempo cuando las doctrinas calvinistas eran consideradas y defendidas como el paladión de

nuestra Iglesia Establecida; por sus obispos y clero, por las universidades, y por todo el cuerpo

laico. Durante el reinado de Eduardo VI, el de la Reina Isabel I, el de Jaime I, y durante la mayor

parte de aquel de Carlos I, fue tan difícil encontrar un clérigo que no predicase las doctrinas de la

Iglesia de Inglaterra, como así de difícil es encontrar hoy a uno que lo haga. Los principios de la

Reforma han sido abandonados de manera general, e Icabod o ‘traspasada es la gloria’ ha sido

escrito desde entonces en la mayoría de nuestros pulpitos y en las puertas de nuestras iglesias”.1

En nuestra era de mayores conocimientos, la tendencia es la de considerar el calvinismo como un

credo del pasado y ya obsoleto. Al comienzo de su brillante serie de artículos sobre La fe

reformada en el mundo moderno, el Profesor F. E. Hannlton dice, “Parece que un gran número

de personas en la Iglesia Presbiteriana de hoy ha dado por sentado que el calvinismo ha quedado

relegado al pasado. Tanto el feligrés como el ministro del evangelio tienden a mirar con desdén a

los que manifiestan creer en la predestinación. A los tales les parece increíble que exista (en una

era tan ilustrada como la de hoy) un fenómeno intelectual como el de un verdadero calvinista.

Sin embargo, nunca se les ocurre examinar seriamente los argumentos que presenta el

calvinismo. Lo consideran tan anticuado como la Inquisición, o como la creencia en un mundo

plano, y lo clasifican como una de aquellas ideas fantásticas que los hombres sostenían antes de

la época científica moderna”. Es por esta actitud hacia el calvinismo en el día de hoy, y por la

falta general de información respecto a estas doctrinas, que consideramos el tema de este libro de

suma importancia.

Fue Calvino quien elaboró este sistema teológico con claridad y con énfasis tal, que

desde entonces ha llevado su nombre. El, por supuesto, no fue su originador, sino que expuso lo

que le pareció brillar con claridad en las páginas de las Sagradas Escrituras. Agustín había

enseñado los puntos esenciales de este sistema mil años antes de nacer Calvino, y todos los

líderes de la Reforma también lo enseñaron. Pero no fue sino a Calvino, por su profundo

conocimiento de las Escrituras y su agudo intelecto y genio sistematizador, que le fue dado el

exponer y defender estas verdades de manera más clara y hábil de lo que se había hecho hasta

entonces.

A este sistema de doctrina llamamos “calvinismo”, y aceptamos el término “calvinista”

como nuestro distintivo de honor; sin embargo, reconocemos que los nombres son meras

conveniencias. “Pudiéramos”, dice Warburton, “con toda propiedad y con igual razón, llamarle a

la gravitación ‘newtonismo’, porque fue el gran filósofo Newton el que por primera vez demostró

los principios de la gravitación. Los hombres habían estado enterados de los hechos de la

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gravitación por mucho tiempo antes del nacimiento de Newton; estos hechos habían sido visibles

desde los primeros días de la creación, ya que ésta fue una de las leyes que Dios estableció para

gobernar el universo. Pero los principios de la gravitación no fueron conocidos a cabalidad ni

fueron entendidos los vastos efectos de su poder e influencia hasta que fueron descubiertos por

Isaac Newton. Así también sucedió con lo que los hombres llaman calvinismo. Sus principios

inherentes habían existido por largas edades antes de nacer Calvino; habían sido factores

patentes en la historia del mundo desde la creación del hombre. Pero, puesto que fue Calvino

quien por primera vez formuló dichos principios en un sistema más o menos completo, ese

sistema, o credo, y de igual manera esos principios incorporados en él, llegaron a ser conocidos

por su nombre”.2 Podemos añadir, además, que los nombres calvinista, luterano, puritano,

peregrino, metodista, bautista, y aun el nombre cristiano, fueron originalmente apodos; pero por

el uso se ha establecido su validez, y sus significados son ahora bien entendidos.

La cualidad que dio tal fuerza a las enseñanzas de Calvino fue su adherencia tenaz a la

Biblia como libro inspirado y autoritativo. Se le ha reconocido como el teólogo bíblico por

excelencia de su época. Donde la Biblia guiaba, por ahí él proseguía; donde no arrojaba luz, ahí

se detenía. El rehusar ir más allá de lo que está escrito, unido a una espontánea aceptación de lo

que la Biblia con claridad enseña, dieron a sus enseñanzas un aire de finalidad y positividad tal

que eran ofensivas a sus oponentes. Por su perspicaz discernimiento intelectual y su poder de

desarrollo lógico, se le ha considerado muchas veces meramente como un teólogo especulativo.

Que poseía un genio especulativo de primer orden, es innegable; y en la persuasividad de su

análisis lógico poseía un arma que lo hacía aterrador a sus enemigos. Pero no fue de estos dones

que primariamente dependió cuando formaba y desarrollaba su sistema teológico.

Su activo y poderoso intelecto le impulsó a sondear las profundidades de todo tema que

le vino a mano. En sus estudios acerca de Dios y del plan de la redención llegó muy lejos,

penetrando en los misterios en que el hombre rara vez tan siquiera sueña. Calvino sacó a la luz

un aspecto de la Escritura que había permanecido hasta entonces en la oscuridad y enfatizó

aquellas profundas verdades que en las edades que precedieron a la Reforma habían escapado

comparativamente el escrutinio de la iglesia. El sacó a la luz doctrinas del apóstol Pablo que

habían sido olvidadas y, dándoles sus significados plenos y completos, las ató a una gran rama de

la iglesia cristiana.

La doctrina de la predestinación ha sido falsificada y caricaturizada más que cualquier

otra; además, ha sido quizás la que más oposición ha creado. “El solo mencionarla”, dice

Warburton, “es como mover la capa roja ante los ojos de un embravecido toro. Despierta las

pasiones más feroces de la naturaleza humana, y produce un torrente de abusos y calumnias.

Pero, porque los hombres la hayan combatido, o porque la odien, o tal vez porque no la entiendan,

no es causa razonable ni lógica para que la echemos fuera. La pregunta no debe ser: ¿la

aprueban los hombres?, sino, ¿es verdad?”.

Una razón por la que muchas personas, aun aquellas que se supone tienen cierta

preparación académica, rechazan la doctrina de la predestinación es simplemente su ignorancia

en cuanto a lo que es en sí la doctrina y lo que la Biblia enseña sobre la misma. Que exista tal

ignorancia no debe sorprendernos cuando consideramos la inmensa falta de preparación bíblica

en nuestros días. Un estudio cuidadoso de las Escrituras convencería a muchas personas que la

Biblia es un libro muy diferente de lo que ellos habían supuesto. La formidable influencia que

esta doctrina ha ejercido en la historia de Europa y América del Norte debiera al menos

permitirle el derecho de ser escuchada con atención. Además, afirmamos que conforme a las

leyes de la razón y de la lógica, una persona no tiene el derecho de negar la verdad de una

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doctrina sin antes haber estudiado de forma imparcial la evidencia en pro y en contra. Dicha

doctrina toca algunas de las más profundas verdades reveladas en las Escrituras y un estudio

minucioso de la misma sería ampliamente recompensado. Si algunos están en disposición de

rechazarla sin antes hacer un estudio cuidadoso de la misma, no se olviden que esta doctrina ha

cautivado la firme creencia de múltiples de los hombres más sabios y piadosos que han existido,

y por tanto, debe haber poderosas razones en favor de su verdad.

Tal vez quepa señalar aquí que a pesar de que la doctrina de la predestinación es una

grandiosa y bendita verdad bíblica y una doctrina fundamental de varias iglesias, no debe nunca

considerársele como si fuese la doctrina reformada en su totalidad. El Dr. Kuyper ha dicho, “Es

un error pretender hallar en la doctrina de la predestinación, o aun en la autoridad de las

Escrituras, el carácter específico del calvinismo. Para el calvinismo estas doctrinas son

consecuencias lógicas, no el punto de partida—la frondosidad dando evidencia de la profusión de

su crecimiento, pero no la raíz de la cual ha brotado”. Si la doctrina se separa de su asociación

natural con otras verdades y se presenta por sí sola, el efecto es exagerado. El sistema entonces

se distorsiona y es mal representado. La formulación de cualquier principio, para que sea

verdadero, debe presentarse en armonía con todos los demás elementos del sistema del cual

forma parte. La Confesión de Fe de Westminster es una afirmación equilibrada del sistema

reformado en su totalidad y da la debida importancia a las demás doctrinas, tales como la de la

Trinidad, la deidad de Cristo, la personalidad del Espíritu Santo, la inspiración de las Escrituras,

los milagros, la expiación, la resurrección, el retorno personal de Cristo, etc. Además, no

negamos que los arrninianos apoyan muchas verdades importantes, pero sostenemos que una

exposición llena y completa del sistema cristiano halla cabal expresión únicamente en el sistema

calvinista.

La doctrina de la predestinación y el calvinismo son prácticamente términos sinónimos en

la mente de muchas personas. Esto, sin embargo, no debería ser el caso, y el haber identificado

estos dos términos tan estrechamente ha predispuesto a muchos en contra del calvinismo.

También es un error, como se ha de señalar más adelante, el identificar de manera muy estrecha

el calvinismo con los “cinco puntos”. Aunque la predestinación y los “cinco puntos” son

elementos esenciales del calvinismo, éstos de ninguna manera constituyen su totalidad.

La doctrina de la predestinación ha sido tema de interminables deliberaciones, muchas de

las cuales, debe admitirse, tenían el propósito dé suavizar sus rasgos distintivos, o de presentar

argumentos para restarle fuerzas a sus implicaciones. “El examen serio de esta gran doctrina”,

dice Cunningham, “nos conducirá a los más profundos e inaccesibles temas que puedan ocupar la

mente de los hombres—la naturaleza y los atributos, los propósitos y operaciones del infinito e

incomprensible Jehová—vistos de manera especial en sus relaciones con el destino eterno de sus

criaturas inteligentes. La naturaleza peculiar del tema demanda, y con razón, que siempre nos

acerquemos y lo consideremos con la más profunda humildad, cautela y reverencia, ya que esto

trata, por un lado, de un tema tan terrible y abrumador como lo es el de la miseria eterna de una

multitud incalculable de nuestros semejantes. Muchos han discutido el tema en este espíritu, pero

también ha habido otros que se han dado a la especulación presuntuosa e irreverente. No hay otro

tema, quizá, que haya llamado más la atención de los hombres en todas las edades. Dicho tema

ha sido discutido a cabalidad en todas sus relaciones, tanto filosóficas, teológicas, y prácticas; y

si ha habido algún tema de especulación con relación al cual nos fuera lícito decir que ha sido

agotado, es éste.

“Por lo menos algunos de los temas incluidos bajo este encabezamiento general han sido

discutidos por casi todo filósofo de eminencia, tanto en tiempos pasados como en tiempos

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modernos….

“Todo lo que la más alta habilidad, ingenuidad, y agudeza ha podido lograr, ha sido

ejercitado en la discusión de este tema; y las dificultades que lo envuelven jamás han sido

resueltas completamente. Podemos garantizar que jamás lo serán, a menos que Dios nos dé una

revelación más amplia, o que aumente en gran manera nuestro entendimiento—aunque, quizá,

sería más correcto decir que, por la misma naturaleza del caso, un ser finito jamás podrá

comprenderlo en su plenitud, ya que esto implicaría que pudiera también comprender a plenitud

la mente infinita”.”

En la preparación de este libro se ha utilizado mucho material de otros libros a fin de que

éste pueda contener lo mejor sobre el tema. Por consiguiente, muchos de los argumentos que

aquí se encuentran son de hombres que el autor considera muy superiores a él. De cierto, al mirar

todo el contenido, él puede decir con un célebre escritor francés, “He entresacado de los jardines

de los hombres un ramillete de variadas flores, y nada es mío sino el cordón que las une”. Con

todo, mucho es original, en especial lo que concierne a la organización y arreglo del material.

A través del libro los términos “predestinación” y “preordinación” se usan indistintamente,

dependiendo en cada caso de la preferencia del autor. Si se quisiera hacer una distinción,

entonces la palabra “preordinación” quizá pudiera usarse mejor cuando a lo que se está haciendo

referencia es un evento en la historia o en la naturaleza, mientras que “predestinación” pudiera

referirse más bien al destino final de las personas. (Las citas bíblicas son de la versión Reina-

Valera, 1960).

El autor desea en particular agradecer la cooperación del Dr. Samuel G. Craig, Editor de

la revista Christianily Today (Cristianismo hoy), Dr. Frank H. Stevenson, Presidente de la Junta

Directiva del Seminario Teológico Westminster, Dr. Cornelio Van Til, Profesor de Apologética

en el seminario Teológico Westminster, Dr. C. W. Hodge, Profesor de Teología Sistemática en el

Seminario Teológico Princeton, bajo cuya supervisión este material en forma más concisa fue

originalmente preparado, y el Rev. Henry Atherton, Secretario General de Sovereign Grace

Union, Londres, Inglaterra, por su valiosa ayuda.

Este libro, volvemos a repetir, tiene como propósito exponer y defender la fe reformada,

conocida comúnmente como el calvinismo. El mismo no va dirigido en contra de ninguna

denominación en particular, sino más bien en contra del arminianismo en general. El autor es

presbiteriano, pero está consciente del abandono radical del credo de su iglesia por parte de la

gran mayoría de los mismos presbiterianos. El libro se ofrece al público con la esperanza de que

aquellos que profesan apoyar la doctrina reformada lleguen a tener un mejor entendimiento de

las grandes verdades que aquí se tratan y puedan llegar a tener en mayor estima su herencia; y

que aquellos que no han conocido este sistema, o los que se han opuesto a él, lleguen a convencerse

de su verdad y a amarlo.

La pregunta que debemos afrontar es, pues, ¿ha preordinado Dios desde la eternidad todo lo que

acontece? Y si así es, ¿qué evidencia tenemos de ello? y, ¿cómo puede este hecho ser compatible

con el libre albedrío de criaturas racionales y con las perfecciones divinas?

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  1. JUAN CORDOVA

    Hace un tiempo lei el clasico sobre la predestinacion del hermano Boettner. No importanta cual sea su punto de vista sobre la predestinacion; todo amante a las Sagradas escrituras deberia leerlo en oracion y minar su rico contenido.

  2. joel antonio

    me interesaria conocer mas sobre el tema

  3. rozzetty

    EXAMINADLO TODO, RETENED LO BUENO. 1º TESALONICENSES 5;21

    *EN ROMANOS 8;28 * 1º A LOS CORINTIOS 2;7

    *EFESIOS 1;5 Y *1;11

    ESTOS VERSICULOS (*) HABLAN ACERCA DE LA PREDESTINACION, VER TEXTO Y CONTEXTO

    SERVIDOS,.

    EN JUAN 5;39 DICE; Y ESCUDRIÑAR LAS ESCRITURAS PORQUE OS PARECE QUE EN ELLAS TENEIS LA VIDA ETERNA;…………………..

  4. Oscar Margenet Nadal

    Claros conceptos respecto del Calvinismo y de la necesidad de reconocer que nadie que ame el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo negará que Juan Calvino es uno de sus mejores expositores. Pido en oración que nuestro Padre nos ayude a ser fieles discípulos de Su Revelación en Jesucristo, Su Palabra eterna y su Creación, como buenos mayordomos. Que Él bendiga este esfuerzo desde este blog. El Señor pronto viene.

  5. Sobre este tema de la predestinación, he encontrado unas notas de la revista Sana Doctrina. Me interesaría recibir un comentario del Centro de Estudio Bíblico para la edificación de la Iglesia que Uds publican ya que dichas notas de la mencionada revista (www.sanadoctrina.com), tienen una posición totalmente opuesta a la sustentada por Loraine Boettner.
    Las mencionadas notas fueron escritas por el Dr. Tommy Ashcraft, pastor de la Iglesia Bautista Monte Hebrón de Monterrey, N.L.
    Yo, por mi parte, estoy de acuerdo con el pensamiento del Dr. Ashcraft. Agradecería que el Centro de Estudio Bíblico, luego de leer los escritos publicados en la revista Sana Doctrina, me haga llegar su opinión al respecto.
    Que el Señor los guíe a toda verdad y los bendiga.

    Héctor Daniel Martínez

  6. Walter

    Me parece ó se esta vendiendo abiertamente la teología del Calvinismo?….Por que si muchos las incluido en sus sistemas doctrinales, existe un gran rechazo?….Para la mente racional no puede existir un Dios injusto…




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