LA PREDESTINACIÓN (Doctrina) – Parte 6 – LA PRESCIENCIA DE DIOS – Loraine Boettner

Sección 1 – Parte 6

LA PRESCIENCIA DE DIOS.

 

La objeción que presentan los arminianos contra la preordinación pesa de igual manera contra la presciencia de Dios. Lo que Dios prevé, por la misma naturaleza del caso, es tan inalterable y seguro como lo que él preordena; por tanto, si su preordinación es inconsistente con la libertad moral del hombre, su presciencia también lo es. La preordinación asegura todos los acontecimientos, mientras que la presciencia presupone su certeza.

Ahora bien, si los acontecimientos futuros son conocidos de antemano por Dios, jamás podrán ocurrir de manera contraria a como él había previsto que ocurrirían. Si el curso de los acontecimientos futuros es conocido de antemano, la historia seguirá dicho curso de manera tan cierta como una locomotora sigue las vías de un determinado punto a otro. La doctrina arminiana, al rechazar la preordinación, rechaza la base teísta de la presciencia. Sin embargo, aun el sentido común nos dice que ningún evento puede ser previsto a menos que haya sido predeterminado por algún medio, sea físico o mental. Nuestra opción respecto a lo que determina la certeza de los acontecimientos futuros queda reducida, por tanto a dos alternativas—o a la preordinación de nuestro sabio y misericordioso Padre celestial o a la acción del destino ciego y físico.

Los socinianos y los unitarios, aunque no tan evangélicos como los arminianos, son más

consistentes en este punto, ya que después de rechazar la preordinación divina prosiguen a negar

que Dios pueda conocer de antemano las obras de seres racionales libres. Sostienen que en la

misma naturaleza del caso no puede saberse cómo una persona ha de actuar hasta que llegue el

momento y se haga la decisión. Pero tal creencia reduce las profecías bíblicas a meras conjeturas

astutas y además destruye la fe cristiana histórica en la inspiración de las Escrituras. Es por eso

que esta posición nunca ha sido sostenida por ninguna iglesia cristiana reconocida. Sin embargo,

algunos socinianos y unitarios han sido lo suficientemente francos y honestos como para admitir

que la razón que los condujo a negar la presciencia absoluta de Dios en relación a los actos

futuros de los hombres fue que si ésta se admitía, entonces hubiera sido imposible refutar la

doctrina calvinista de la predestinación.

Muchos arminianos han reconocido la fuerza de este argumento y, aun cuando no han

negado la presciencia de Dios como lo han hecho los unitarios, no obstante han dado a entender

que si pudieran o se atrevieran hacerlo, lo harían sin reparos. Algunos se han expresado en tono

menospreciativo y han insinuado que, en su opinión, no es de mucha importancia el que se crea o

no en la doctrina de la presciencia. Otros han llegado al extremo de decirnos francamente que es

mejor rechazar la presciencia que admitir la predestinación. Aún otros han sugerido que Dios

puede voluntariamente inhibirse del conocimiento de algunos de los actos de los seres humanos a

fin de que éstos puedan mantener el libre albedrío; lo que, por supuesto, anula la omnisciencia de

Dios. Otros han sugerido que el hecho de que Dios es omnisciente sólo implica que él puede

conocer todas las cosas, si así lo deseara—como de la misma manera su omnipotencia implica

que él puede hacer cualquier cosa, si así lo deseara. Peto esta comparación carece de

fundamento, ya que no se trata de eventos posibles sino de eventos reales, aunque futuros; y

atribuir a Dios falta de conocimiento de algunos eventos es negar su omnisciencia. Esta

interpretación da lugar, como puede verse, al absurdo de una omnisciencia que en realidad no es

omnisciente.

Cuando se confronta al arminiano con el argumento de la presciencia de Dios, éste tiene

que admitir que los eventos futuros son seguros o ciertos; sin embargo, cuando discute el

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problema del libre albedrío, trata de mantener que las obras de seres libres son inciertas y que

dependen en última instancia de la elección de la persona —lo cual evidentemente es una

inconsistencia. Una posición que mantiene que las obras libres de los hombres son inciertas

sacrifica la soberanía de Dios a fin de preservar el libre albedrío de los hombres.

Además, si las obras de seres libres fuesen inciertas, entonces Dios tendría que esperar

hasta que el evento haya acontecido antes de poder hacer sus planes. En la conversión de un

alma, por ejemplo, tendríamos que concebir a Dios como obrando de la misma forma que se dice

que Napoleón obraba antes de ir al campo de batalla—es decir, desarrollaba tres o cuatro planes

distintos y los llevaba en mente, para, si el primero fallaba, poder recurrir al segundo, y si éste

fallaba, entonces recurrir al tercero, y así sucesivamente—una posición que es inconsistente con

una visión correcta de la naturaleza divina. Además, si dicha posición fuese cierta, esto

significaría que Dios desconoce gran parte del futuro y que cada día está adquiriendo gran

cantidad de conocimiento. Su gobierno del mundo sería, en tal caso, muy incierto y cambiadizo,

dependiendo todo el tiempo de la conducta imprevista de los hombres.

Negarle a Dios las perfecciones de la presciencia y la inmutabilidad es representarle

como un ser frustrado e infeliz, a menudo obstaculizado y derrotado por sus criaturas. Pero,

¿quién, en toda honestidad, creerá que Jehová el Altísimo tenga que sentarse a esperar,

preguntándose: “¿Qué hará el hombre?” Pero mientras el arminianismo insista en negar la

presciencia de Dios, permanecerá sin defensa ante la consistencia lógica del calvinismo, ya que

la presciencia implica certeza y la certeza implica preordinación.

Hablando por medio del profeta Isaías, el Señor dijo: “Porque yo soy Dios, y no hay otro

Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la

antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que

quiero” (Is. 46:9-10). “Has entendido desde lejos mis pensamientos”, dijo el Salmista (139:2). El

“conoce los corazones” (Hch. 15:8). “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en .su

presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien

tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:13).

Mucha de la dificultad que experimentamos con relación a la doctrina de la

predestinación se debe a que nuestra mente es finita y, por tanto, comprende muy pocos detalles

a la vez, y entiende de manera muy parcial las relaciones que existen entre éstos. Por ser

criaturas condicionadas por el tiempo, muchas veces no logramos comprender que Dios no está

limitado como lo estamos nosotros. Aquello que a nosotros nos parece ser “pasado”, “presente”,

y “futuro”, en la mente de Dios es “presente”, o más bien, un eterno “ahora”, sí e1 es “el Alto y

Sublime, que habita la eternidad” (Is. 57:15). “Porque mil años delante de tus ojos son como el

día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” (Sal. 90:4). Los eventos que vemos

desarrollarse en el tiempo son solamente aquellos que Dios decretó y estableció desde la

eternidad. El tiempo, al igual que el espacio, es una propiedad de la creación finita y Dios los

trasciende y los contempla de manera objetiva. Así como él ve de un solo vistazo todo el largo de

una carretera, mientras que nosotros vemos sólo una pequeña porción de ella según la vamos

recorriendo, de la misma manera él ve todos los eventos de la historia, los pasados, los presentes

y los futuros de un solo vistazo. Cuando nos damos cuenta que todo el proceso de la historia está

delante de Dios como un eterno “ahora” y que toda la creación es obra suya, la doctrina de la

predestinación se hace un poco más fácil.

En la eternidad antes de la creación no hubiera existido certeza alguna en cuanto a los

eventos futuros a menos que éstos hubiesen sido decretados por Dios. Los eventos pasan de la

categoría de cosas que pueden o que no pueden llegar a realizarse, a la de cosas que han de

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realizarse con absoluta certeza, o sea, de meras posibilidades a realizaciones, sólo mediante el

decreto divino. Esta certeza o seguridad de los acontecimientos jamás hubiera podido tener

fundamento que no fuese la mente divina, ya que en la eternidad nada existía aparte de Dios

mismo. El Dr. R. L. Dabney dice: “La única manera en que algún objeto puede haber pasado en

la mente de Dios de lo meramente posible a lo inevitablemente cierto, es si Dios mismo hubiese

determinado llevarlo a cabo, o lo que hubiese permitido de manera intencional y deliberada por

medio de otro agente que expresamente hubiese creado para dicho propósito. Un efecto

concebido potencialmente sólo se actualiza mediante una o más causas eficientes. Al contemplar

Dios todo su universo desde el punto de vista de su presciencia infinita, sólo había una causa, es

decir, él mismo; por tanto, si alguna otra causa hubiera surgido, dicha causa subordinada hubiera

tenido a Dios como causa fundamental. Si la presciencia infinita de Dios encierra en sí efectos

que han de ser producidos por estas causas subordinadas, entonces al decretar dichas causas

Dios, en su infinita presciencia, decretó o determinó al igual todos los demás efectos”.’

El Dr. A. H. Strong, teólogo bautista, y quien por varios años fue Presidente y Profesor

del Seminario Teológico de Rochester, escribe al mismo efecto: “En la eternidad no pudo haber

habido causa alguna de la existencia futura del universo fuera de Dios mismo, ya que entonces

sólo Dios existía. En la eternidad Dios previo que la creación del mundo y todas sus leyes haría

segura la historia hasta en sus más insignificantes detalles. Pero Dios decretó la creación y la

institución de estas leyes. Al crear y establecer dichas leyes Dios decretaba, por tanto, todo lo

que habría de acontecer. Es decir, Dios previo los eventos futuros del universo como

absolutamente ciertos porque él lo había decretado; y esta determinación incluía la determinación

de todos los resultados de dicha creación: es decir, Dios decretó dichos resultados”.

No debe confundirse la presciencia con la preordinación. La presciencia presupone la

preordinación, pero no es en sí misma la preordinación. Los actos de las criaturas libres no

suceden porque son previstos, sino que son previstos porque han de acontecer con absoluta

certeza. El Dr. Strong dice: “El decreto viene antes de la presciencia de manera lógica, aunque no

de manera cronológica. Por ejemplo, cuando yo digo, ‘Sé lo que haré’, es evidente que ya he

formado una determinación, y mi conocimiento no precede sino sigue y está basado en dicha

determinación”.

Dios conoce el destino de cada persona, no meramente antes de que la persona escoja en

esta vida, sino desde la eternidad, ya que su presciencia es perfecta. Y como él conoce el destino

de cada persona antes de que éstas sean creadas, entonces es evidente que tanto el salvo como el

no salvo cumple el propósito de Dios, porque si no estaba en el propósito divino el que algunos

individuos se perdieran, Dios podría haber optado por no crearlos.

Concluimos, pues, que la doctrina cristiana de la presciencia de Dios prueba también su

predestinación. Dado que los eventos son previstos, son fijos y seguros; y nada que no haya sido

la buena voluntad de Dios—quien es la gran primera causa—pudo establecerlos y asegurarlos,

preordinando todo lo que sucede de manera libre e inalterable. La dificultad está en que los actos

de seres libres son seguros; sin embargo, tanto la presciencia como la preordinación requieren

que dichos actos sean seguros. Si los argumentos de los arminianos fuesen válidos, entonces

tanto la presciencia como la preordinación quedarían anuladas. Pero ya que no son válidos,

concluimos que, en realidad, sus argumentos no prueban nada.

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  1. juan antonio garcia

    Amado hermanos que Dios les bendiga por esta herramienta que me han enviado para seguir edificando el cuerpo de Cristo.Son muy buenos y espero seguir recibiendolos muchas
    gracia

    • juan antonio garcia

      No,La Biblia no es aburida porque cuando se lee produce paz y gozo y es medicina par nuestro cuerpo.que Dios les bendiga.

  2. gerardo hernandez

    Predestinacion no es igual que destinacion
    todos estamos predestinados a conocer a DIOS y a su hijo, el que crea que JESUS es hijo de DIOS esta destinado a ser salvo.
    Ejemplo: un fraccionamiento en construccion vende casas en preventa, si Ud. cumple los requisitos del banco, se le vendera una casa cuando esten terminadas.
    La omniciencia de DIOS no es igual que la preciencia. EL todo lo sabe
    Omnipresencia esta en todas partes
    Omnipotente todo lo puede

  3. presciencia versus libre desicion…hermanos creo que debe haber un punto donde estemos deacuerdo con respecto a la eleccion y a la preciosa libertad de adorar a Dios y desicion de servirle, un punto donde arminios y calvinos se den la mano y digan este es nuestro Dios…lamentablemente nadie da su brazo a torcer.. yo me inclino por el pensamiento biblico arminiano…acepto algunos puntos calvinistas pero creo que la salvacion es para todo aquel que en el cree…el hombre necesita creer Dios pone los medios….lo demas depende de lo que piense de mi de Dios y de la eternidad o en el cielo o en el infierno..Proverbios 1:7 Dios les bendiga…

    • Paulo

      La Biblia es clara al decir que estamos muertos en delitos y pecados…por lo tanto, les espera el infierno. Lo paradójico es ¿porque las personas se salvan?
      Vemos la Gracia de Dios sobre sus elegidos “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”
      Mientras los arminianos le quiten la gloria a Dios, no callaremos de hablar la verdad..!!!




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